CHOROTIZA RAVE 

Luis Gámez 

Foto: Alejandro Breck

Cuentísta, narrador, promotor entusiasta de proyectos alternativos en pro de la lectura.

El último «rave» fue un desmadre desorganizado, netamente desorganizado. Nada más faltaba que llegaran los de Corona Fest con toda la onda institucionalizada y fresa, ¡Qué mierda! Luego, el abasto de mercatambién perreado. Se anunció como piñata y llegó la mala vibra, es para no volverlos a ver. Mejor le hice caso al cara de flan del Neto, de ir a El Alacrán para invadir un terreno y hacer la party en la costa; así que pasé a buscarlo temprano con la intención de encontrar el lugar. Jalamos por la libre rumbo a Coatzacoalcos; llegamos a Sánchez Magallanes a las diez de la mañana y nos arrancamos al mentado poblado puesto a lo largo de la costa, con casas cada cinco o seis kilómetros entre palmas de coco y arena. Paramos a preguntar por el delegado en un negocio de pollos asados y los encargados soltaron muy comunicativos: «Se llama Lucio, vive atrás de esos cocales que están después de la escuela, por esa barda amarilla que se ve a lo lejos».

Nos topamos con Lucio al que por su labia para la tramitología de permisos, sellos y autoridad local se pintó sólo. Lo bautizamos como el Ruco Alternativo. Noté que no se espantaba de nada y resolvía los pedos según las leyes no escritas de la Chontalpa, le platicamos lo más simple, queríamos hacer un baile que duraría veinticuatro horas más o menos sin parar. Le dije que necesitábamos una buena fuente de luz eléctrica y con su sonrisita chueca de pocos dientes nos invitó a pasar a su house; un chante que parecía una caja de zapatos, sin divisiones; sólo estaba la puerta de adelante y la de atrás.  Fue directo a un closet de esos que venden en cambaceo y a crédito los muebleros en las rancherías, de donde alcanzó una bolsa negra que  abrió para sacar un folder que tenía escrito: «Permisos: Delegasion El Alacran». Nos invitó a sentarnos en una pequeña mesa, extendió con su mano una cajetilla de tabacos Delicados para acompañarlo a tirar humo y mientras fumábamos revisó sus papeles de autoridad, y aclaró: «Vamos a hacer un contratito por escrito, la renta del terreno sale barata, me pagan la mitad ahorita y el viernes o sábado la otra parte». No nos preguntó si íbamos a darle a los drinks, al contrario, nos peló la piña: «Aquí llegan a veces mis conocidos, hacemos bailongos buenos, aunque luego sacan a relucir los machetes los maistros ya borrachos, pero controlamos a los que se azotan de rayo, son unos bailes buenísimos con ruidal y todo, si van a querer un rondín de alguna patrulla me avisan, claro, tiene su costo», y volteó a ver su machete con mirada de duende malvado. El sable descansaba brilloso en la esquina de la casa. «¡Tila!» gritó; y por la puerta trasera entró una chamacona buenísima, apiñonada y nalgona que el Ruco se adelantó a presentarnos como su hija. Cambiamos de balazo nuestras perversas miradas. Don Lucio nos pinchó la sed ordenando a Tila nos sirviera unos vasos de pozol al tope. «Nos gusta que nos visiten los turistas» remató con su risita. «¡No se preocupe don!, de alcohol va haber poco» le remachamos. «¡Qué rara está la chamacada ahora! Bueno, firmemos aquí, acá, tantita tinta para el pulgar y nos vamos a Magallanes a sacarle unas copias a sus INEs», terminó diciendo, entrado en su papel de delegado. «¡Seguro don!», le afirmamos.  El Ruco Alternativo nos dio un terreno virgen para el rave, cerca de su chanteEscondido por los dobleces del mundo, el mentado lugar era ideal para el delirio entre las palmas de coco, arena y enredaderas de plantas. Regresamos a Cárdenas a organizar el chango completo durante la semana. El Neto se fue al DF por el tacherío para vender: estampitas de LSD, éxtasis, piolas, anfetaminas; de tocho morocho fue el surtido rico. Yo me encargué del sonido, el agua, la cerveza y de hacer la lista para enviar los WhatsApps anunciando la party unas horas antes de empezar. El Neto se pasó todo un día diseñando el flyer y acariciando el Iphone para enviar justo a tiempo el aviso e imaginó en números virtuales la ganancia de la merca y el cover.

«¡Tila!» gritó; y por la puerta trasera entró una chamacona buenísima, apiñonada y nalgona que el Ruco se adelantó a presentarnos como su hija. Cambiamos de balazo nuestras perversas miradas. Don Lucio nos pinchó la sed ordenando a Tila nos sirviera unos vasos de pozol al tope.

El viernes fui a El Alacrán para el montaje y encontré al Ruco Alternativo apurado. Me comentó que el sábado en la mañana llegaría el Presidente Municipal a la primaria y estaba preparando una chorotiza para recibirlo. Quería quedar conectado para una regiduría que es algo así como un diputado en chiquito, según me explicó, pero las funciones son las mismas: hacer nada y jalar cacao al propio molino. Pero que él siempre había trabajado por la comunidad. Cuando decía comunidad, lo decía con cariño, con ganas, como la Comunidad del Anillo y los hobbits. Sobre todo quería hacerle chango a Pemex para que hiciera algo porque el mar se estaba carcomiendo la costa. Me pidió el segundo pago para comprar pozol y dulces, y contratar a la marimba de Magallanes. El Ruco se veía que disfrutaba ese desmadre de la polaca; me dejó con su sobrino que sabía subirse a los postes y manejar las cuchillas para surtirnos de luz. «Costo aparte» me aclaró. Le di doscientos varos y dos cajetillas de Delincuentes. Instalé el sonido durante toda la tarde con el sobrino de don Lucio que chismoseando me preguntó si pondría globos o adornos, mesas o sillas. Le contesté: «Sillas no necesitamos, menos mesas. Solamente una nevera para enfriar el trago y el agua, los adornos serán consumibles para la cabeza». Como que no entendió.

Ya casi oscureciendo llegó el delegado a leerme el discurso que estaba preparando: «¡Buenas tardes a todos los presentes!, en especial a quien nos honra con su presencia, al señor Presidente Municipal, ciudadano, licenciado Rodrigo Nanduca Alcocér y a su señora esposa, la primera dama María Fernanda Valerio Sabines. A los directores, al honorable cabildo del H. Ayuntamiento…». Escuché unas mamadas de lambisconerías y regresé a Cárdenas, valiéndome los alucines del Ruco.

Foto: Misael Sámano Vargas/ Serie: Esotros. “El beso y el hueso”.

El sábado por la mañana, antes de pintarnos a El Alacrán, enviamos los WhatsApps para dar la ubicación de la fiestecita. Por el Facebook y el Twitter no tiramos nada pues es un chismorreo de buenas intenciones y frasecitas falsas y no queríamos que nos callera la poli o la mala vibra. Sin comunicación alguna era un lugar perfecto para el degenere. Zarpamos a Sánchez Magallanes y ahí nos surtimos de hielo, aguas y cheves.

Pasamos tocando el claxón por la primaria, donde vimos a Don Lucio altivamente vestido de guayabera, que junto al subdelegado y la marimba, esperaban al presi mañocipal.

Llegamos a los cocales y comenzamos a instalar la mesa para los DJ´s invitados y uno que otro que quisiera echarse el palomazo electrónico. Con el sol en su punto comimos pollo asado, bebimos Coronitas y fumamos de la zorrilluda. Las palmas de coco parecían delgados gigantes melenudos dispuestos a bailar, esperando pacientes la música que los llevara a caminar por la arena, repartiendo su fruto a los enanos, aplastando a cangrejos y removiendo pedazos de chapopote.

Más tarde se arrimó El Ruco Alternativo y muy disimuladito se acercó por donde estaban las cheves. Me dijo que el presidente nunca se asomó por la escuela. Se había suspendido el evento y nadie le avisó a él que era la autoridad local. Daba sorbos a una botella de caña, su sed era de alcohol no de agua y en la frente y cuello le resaltaban unas venas gruesas por donde circulaba su encabronamiento. Se notaba la pastosidad de su lengua que exigía borrachera, pero parecía que si bebía agua su boca iba hacer corto circuito. «¡Pinche presidente no vino!, quedé como pendejo» desclavó por fin como una frase estreñida en su cabeza. «El pozoly los dulces los voy a guardar para ver si los vendo mañana muchachos, ¡pero ahorita! iré a Magallanes por más caña. Ahí les dejo. Les encargo limpien al terminar», soltó el don.

Por el Facebook y el Twitter no tiramos nada pues es un chismorreo de buenas intenciones y frasecitas falsas y no queríamos que nos callera la poli o la mala vibra.

Se guardó el sol, pusimos la música y poco a poco se inició el aterrizaje de la banda, que venían de a dos y tres carros faroleando con las luces entre las palmeras y la noche. Un DJ llegó con su comparsa y equipo de disyoqueo. En esa introducción la people comenzó a fumar mota y a darle a la cerveza. Los primeros ravers nos dieron la noticia: el flyer fluyó y fluyó. La plebe venía dispuesta, se juntaron doscientos cincuenta pachis esa noche en las inmediaciones de la playa que apodamos El Alacrán Beach. La mercacomenzó a circular de mano en mano y por las venas sentimos ese caminar de termitas delirantes haciendo carrera. Algunos miraban las palmeras imaginando quién sabe qué, era Mr. Químico con sus efectos. Había una noche estrellada para bailar acodado a los sonidos, alguien repartió gelatinas de LSD a manera de postre y los cangrejos parecían relamer los vasitos tirados en la arena, porque media hora después bailaban junto a nosotros. El tiempo transcurrió con segundos extensos, los minutos no se sintieron igual y las horas acontecieron sin darnos cuenta del reloj. Cerca del amanecer algunos ravers caminaban hechos unos zombis por la playa, y más de dos dijeron que veían a la luna como un foco a dos metros de altura de sus ojos. Otros se metían desnudos al mar y se revolcaban en la arena para empanizarse, se levantaban y reían con la arenilla gris entre los dientes.

Comenzó amanecer por el lado de la escuela y visualicé una sombra que se tambaleaba avanzando hacia la fiesta. Era el Ruco que venía bien pedo con su botella de caña, me acerqué a él para saludarlo y me tiró un brazo sobre el hombro; sentí el patín del alcohol que le salía del hocico y el aplomo de su cuerpo. Decía maldiciones por la gente que no llegó a su eventucho «¡Dejarme plantado estos hijos de su reverenda madre!, pinches culeros del Ayuntamiento. Pero cuando vienen las elecciones ahí lo andan buscando» gemía como una perrona el viejo. Se dio cuenta de la fumadera de mota y se reía diciendo «¡Ah cabrones chamacos!, ¿por qué no están tomando?». Y le hice segunda: «¡Sí Don!, ahí tenemos cervezas ¿no gusta? Andamos en otro viaje». Y siguió: «¿A poco les da por tragar tanta agua?, ¡qué raros chamacos!». El Ruco seguía quejándose y me gritaba al oído unas maldiciones bien chidas al gobierno: «¡Son una bola de shotosencopetados!, ¡me las van a pagar los hijos de su anaguada madre!».

Un DJ se posicionó del torna mesa justo a las siete de la mañana. La people se reseteó el cuerpo con más pastillas para un nuevo vuelo, mientras don Lucio tragaba alcohol como maldito degenerado; al caminar se iba de lado a lado pero no caía, simplemente la inercia de la caña El Zorro lo enderezaba. Fue a su casa y regresó con una mesita de madera; como el que está loco comenzó a poner dulces de leche, coco con piña, coco con panela, oreja e´ mico y nance curtido. Ofreció a todos aquella chorotiza. La gente bien puesta se fue sobre la mesa y el Ruco Alternativo con cara de satisfecho parecía correspondido, quizás alucinaba que estaba en un mitin donde todos lo escuchaban. Después fue por una olla, un garrafón de agua de dudosa procedencia, vasos y pozol. En lo que hacía ese movimiento dejó su botella de caña y le disolví una tachita éxtasis, regresó y bebió grandes sorbos. La vieja del Neto me decía apendejada que miraba los dulces en forma de arcoíris y se relamía los labios bebiendo pozol. La música siguió y al ruco comenzó a metérsele la tacha en el flujo de la sangre. Una pierna se le comenzó a mover bastante nerviosa, caminó alrededor de la fiesta con pasos de lelo, pidió agua y se fue a paso lento entre los cocales. Nadie lo siguió. 

Foto: Misael Sámano Vargas/ Serie: Esotros. “Hoy soy ceniza”

La banda tomó como buena vibra la chorotiza de Don Lucio, no se enteraron que fueron dulces producto del plantón y desprecio de los virreyes municipales. Entre música y lagunas mentales aterrizó un taxi de Ciudad del Carmen donde venían dos trasvestis, un vato que se presentó como amigo y representante de una tipa que se hacía llamar la Chica del Electro Movimiento. Venían hasta su madre de borrachos todos, eso sí, lo borracho no quita lo cortés; pidieron amablemente entrar al rave y pagaron su cover. ¿Cómo se enteró de la fiesta?, sepa Chepa. La mentada Chica del Electro Movimiento se subió a bailar pasos salsa-electrónicos en el cofre del taxi, que luego se convirtió en un striptease al aire libre. Después me enteré que buscaba la boda de un primo; es de suponerse que extravió el camino, ¡qué más daba!A media día la fiesta continuaba en saldo cero de incidentes, ni una bronca, ni una discordia, hasta que por el camino de la escuela se vio venir al Ruco Alternativo con mirada endiablada y un machete que yo no le vi que llevara cuando se fue, lo vi encaminarse como ido a su casa. Se tiró en una hamaca que estaba afuera y me acerqué a él para platicar y medir si estaba enojado con nosotros. Me comentó que no pasaba nada. Tomó agua de una jarra de plástico y se columpió en la hamaca con los ojos bien abiertos, encandilados y cristalinos, diciendo: «¡Sigan su fiesta, yo los cuido!». El machete descansaba ahora donde lo había visto la primera vez, brilloso de su filo con unas gotas de sangre algo secas, como vigilando la fiesta. Al poco tiempo le llevé al Don un litro de agua con unas pastillas disueltas; era media mañana y el cerebro del Ruco hizo click. Sus ojos se prendieron y los labios se le curvearon de alegría, se paró de su hamaca y se fue a bailar con nosotros al pasodoble. Así bailamos todos sin darnos cuenta de los cuerpos macheteados y ocultos de Tila y su sobrino. Días después vimos en los periódicos el doble crimen bajo la arena incestuosa del Alacrán Beach.