El 3 de febrero de 2018, el gran innovador de los tipos móviles para imprenta, Johannes Gensfleisch zur Laden (mejor conocido por su nombre de pila y apellido materno: Gutenberg), cumplió 550 años de haber muerto. Las modificaciones de esos tipos móviles y la forma de imprimir sobre una superficie, fue el gran hallazgo que revolucionó el mundo, tal y como lo conocemos hasta hoy.

Leer y enseñar a leer a otro es una de las mayores generosidades humanas, ya que quien puede leer tendrá a su alcance todo lo que desee.

Sin proponérselo, este hombre de una sagaz capacidad emprendedora, contribuyó a la divulgación masiva de una de las prácticas más humanas y amorosas: la lectura. Él, al igual que Colón, buscaban otra cosa y en ese afán, descubrieron lo que nunca podrían haber soñado, uno un nuevo mundo y el otro muchos mundos.

La lectura, pública o privada, es en sí, un acto de amor. Equiparable al de una madre con su hijo. Ésta lo lleva en el vientre, desde su gestación hasta su alumbramiento, lo nutre y crece en ella. ¿Acaso no es eso también la lectura?, un acto de vida, que nos nutre al realizarlo, que nos amamanta como Luperca, para después de ello fundar nuevas empresas. La lectura va con nosotros, nos acompaña y crece hasta donde nosotros dejemos que crezca. Leer y enseñar a leer a otro es una de las mayores generosidades humanas, ya que quien puede leer tendrá a su alcance todo lo que desee.

Leer nos humaniza, puesto que nos refleja y nos pone a dialogar con los otros que también son en nosotros.

Si de verdad amamos a las personas que nos rodean, deberíamos de leerles a menudo, regalarles las vidas encapsuladas en palabras, dejar que se dé el milagro del alumbramiento imaginativo. Somos lo que leemos y también somos lo que nos han leído y nos comparten para leer. Uno de nuestros deberes como habitantes de este planeta, debería de ser contribuir en él, en su armonía y convivencia; a través de la práctica de la lectura, se puede alcanzar ese objetivo, ya que quienes leen a la postre serán mejores habitantes del mundo, podrán aprender a conocerlo y tenerle respeto, mirarlo desde otra forma y entender que a veces hay que bajarse del vértigo de la “sociedad del rendimiento” y hacer una pausa para leer y leernos.

Leer nos humaniza, puesto que nos refleja y nos pone a dialogar con los otros que también son en nosotros.

Los calendarios están plagados de fechas simbólicas: cívicas, religiosas y comerciales. Aprovechémoslas, transformándolas en un pretexto para la lectura, así que junto a la caja de chocolates, a la rosa roja o al pie de la alcoba: lea. Haga suyo el mayor acto de amor.

Este textículo se puede compartir como una paleta o el oso de peluche envuelto en celofán, ya que es un regalo para ti que lees y para los otros que puedan leerlo. Por eso se autoriza su reproducción parcial, total o en secciones deshojadas, siempre y cuando se de crédito al Romeo que tunde las teclas. (Publicado el 14-02-18.)