Con motivo del 50 aniversario de lo ocurrido la tarde del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, se han realizado un sin número de actividades, las cuales buscan fomentar la memoria histórica, tratando de reconstruir un suceso que aún hoy no ha sido esclarecido del todo.

En Tabasco una de las charlas realizadas, fue la organizada por la LXIII Legislatura del H. Congreso Estatal, la cual instituyó a la glosa del oficialismo cívico la fecha; en ese sentido, siguiendo la tradición institucional, la actividad comenzó con 20 minutos de retraso. Después de los discursos, de los diputados Sheila Guadalupe Cadena Nieto, Beatriz Milland Pérez y Rafael Elías Cabrales, y la mención de cuanto diputado anduviera por ahí, se proyectó un video informativo del 68, mismo que se había viralizado desde tempranas horas por los mensajes de whatsapp, tal vez por ello no tuvo el impacto deseado, sólo le permitió a la gran mayoría de los presentes, continuar mirando sus teléfonos.

La invitación que se distribuyó en redes sociales sólo acreditaba a un ponente, al Prof. Rodolfo Lara Lagunas, por ello algunas personas no alcanzábamos a entender qué hacían tantas personas en el presidium, poco después se nos informó que el antropólogo Lenín González Rincón también sería un ponente.

La verdad es que fui motivado por escuchar de viva voz el testimonio de uno de los participantes —ya que, según la crónica de Isidoro Pedrero Totosaus, publicada originalmente en el semanario Malecón en 1981, Lara había estado ahí—, por ello pensé, que escucharlo podría ayudarme a entender, ¿qué fue lo que sucedió en Tabasco en esa década? Debo decir, que en mi etapa formativa profesional, le pregunté a mis maestros, los cuales con todas sus capacidades retóricas, nunca me aclararon la duda de Tabasco, sólo coincidían con la palabra “porro”; misma categorización que muchas personas de esa época mencionan al referirse a esos años. Esa tarde, pude escuchar un relato interesante, no contado cronológicamente, el cual he tratado de estructurar.

A decir por los ponentes, la época del Tabasco de los sesenta era de mucha represión para las expresiones juveniles, fueran éstas de cualquier tipo e índole, tal vez por los temores legítimos de los mayores hacía sus hijos, hay que recordar que el terruño era muy tradicional. Lara Lagunas comenzó señalando a manera de reclamo el que “en Tabasco esta conmemoración ha sido olvidada por muchos años.” Después habló del contexto internacional, para seguir con el nacional, hasta llegar a: “el movimiento comenzó en Tabasco el 23 de abril, y duró hasta el 29 de julio de 1968; fecha en que la marcha se desvió y culminó con la quema del PRI estatal sobre Paseo Tabasco, aún no sabemos quién fue el que lo hizo, y a nosotros nos echaron la culpa de eso; el movimiento duró 8 semanas en México, 3 en Francia y 12 en Tabasco.”

Continuó diciendo que en esa época “en la Universidad existían muchos porros”, que contribuían con la deserción escolar, impidiéndole a maestros dar su cátedra, por ello, había un “clima hostil”, el cual combatieron con la elección de planillas directivas estudiantiles, a través de la extinta Federación de Estudiantes Universitarios en Tabasco, antecedente del Consejo Universitario Estudiantil. El profesor Rodolfo, era alumno por esos años de la licenciatura en derecho y en las mañanas maestro de educación cívica en secundaria, señaló que ganaron la gran mayoría de las elecciones y “los porros se opusieron a aceptar el triunfo en la Escuela Normal, de ahí devino la muerte de Mario Madrigal Tosca, quien se ahogó en la laguna de Las Ilusiones, en la parte trasera de la Universidad, ya que éste trató de huir, arrojándose a la laguna, de la cual no lo dejaron salir.”

En otra intervención, Lara se refirió al Ateneo de la Juventud, un grupo organizado por él y otros jóvenes que a su juicio, “solo querían estudiar” y no encontraban lugares públicos para hacerlo, ya que en 1967 un grupo de “porros” vandalizaron el Instituto Juárez y otras zonas de la Universidad, llegando a “arrojar butacas, quemar pianos y el teatro”; por ello los espacios institucionales eran negados. De los pocos espacios donde se reunió tal grupo fue el Museo que dirigía Carlos Pellicer, gracias a la ayuda de Carlos Sebastián, quien les prestó el inmueble en ausencia del vate; cuando éste llegó de un viaje, lo primero que hizo fue correrlos por ser “unos salvajes estudiantes quemando la Universidad”; al informarle al maestro Pellicer que ellos no tuvieron nada que ver en ese asunto, corrigió y les permitió seguir ahí con su actividad.

Por su parte, el antropólogo Lenín González Rincón, inició cuestionando las fuentes bibliográficas y hemerográficas del Estado, diciendo “quién sabe por orden de quién o quiénes, nada de esto está en esos lugares, todo desapareció”. Señaló que el movimiento del 68, tuvo su antecedente un año antes, con otras características, donde se pedía la salida del gobernador en turno,  nunca mencionaron si pedían la salida de otra autoridad, sólo mencionaron esa.

Contó el licenciado González, que dentro de las manifestaciones realizaron un mitin permanente en Plaza de Armas, narración que Lara complementaría con la evocación de una de las proclamas, donde se le recriminaba el dispendio público al ocupante de la Quinta Grijalva, refiriéndose a lo oneroso de la ropa íntima de la primera dama.

 

“De Plaza de Armas, fuimos corridos, llegando a refugiarnos a la Biblioteca José Martí, en la calle Hidalgo; ahí los militares, comandados por el general Hernández Toledo, nos cercaron 10 días”. La solidaridad de los vecinos les permitió aguantar, ya que ellos tenían como armamento, “unas bombas molotov, palos, piedras y una pistola”.  Estuvieron ahí, hasta que una noche fueron disuadidos bajo el argumento de “que se contaba ya con la orden de sacarlos, de cualquier forma; así que mejor salgan, están echando a perder su vida, son muy jóvenes, para perderla en una pendejada”. Salieron de su trinchera y fueron llevados por un destacamento al antiguo batallón, a unas cuadras del lugar, acompañados por una muchedumbre que se quejaba y verbalmente se solidarizó con los muchachos. Después de unos días, fueron consignados a la Procuraduría, “donde fuimos interrogados, golpeados y demandados por 30 diversos delitos. Mi madre -dijo Lenin-, creía que nunca iba yo a salir de ahí.”

Su estadía en la prisión fue acompañada por diversas “golpizas”, permitiéndoles estar “solo con trusa, durmiendo en el suelo”. En este momento del conversatorio, Lara Lagunas comenzó a leer un texto (que supe después al preguntarle al licenciado Lenín -como todos le decían-: “Es un libro del Profe., El marchista”), donde se relataba la llegada de otro muchacho encarcelado, el cual llegó muy golpeado, contando que todo fue porque lo habían confundido, a él y a su novia con integrantes del movimiento, ya que dada a la escasez de transporte público, se iban caminando de la Ciudad Universitaria al Centro y, en esos tiempos, toda agrupación de muchachos era entendida como un posible brote de manifestación. El relato siguió hasta mencionar al gheneral Hernández Toledo —acotaron que era “el mismo que estuvo en la Plaza de las tres culturas y recibió un balazo en una nalga”—, él les dijo a los encarcelados: “la verdad, la verdad, ustedes tienen suerte. Tienen un gobernador muy pendejo. Si me diera la instrucción, en 2 minutos se acaba el problema.” Uno de los escuchas intervino: -“y los muertos-“. El general reparó, -“de que va haber, va a haber-…, unos cuantos, pero se acaba el desmadrito ya”.

Según Lara, lo importante del movimiento del 68 fue acabar con la figura “sacralizada” del poder. Claro que no dejó de mencionar a su alumno de civismo, que como otros se acercaban a verlos en el plantón o la huelga de hambre, y “que pudieron percibir la importancia de la lucha social”, antes de mencionarlo, el mismo Profe —como le dicen— impostó la voz y dijo: “y que será presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador”, al escuchar el nombre los reporteros que estaban platicando y los diputados pendientes de la grilla, sin poner atención, se dieron la vuelta y aplaudieron enérgicamente, hubo quien asintió con la cabeza. Lagunas siguió, contando sus vivencias en el estado de Morelos y cerró citando una anécdota de Renato Leduc.

Todos pensamos que ya el conversatorio había acabado, hasta que escuchamos al moderador cederle el uso de la voz a la diputada Sheila Cadena, quien nos recordó que “la mayoría de la gente no sabe qué es el 2 de octubre y sólo se investiga por las redes sociales, por ello, preferimos hacer esta charla, para que no se olvide y se evite vuelva a suceder.” Agradeció a los participantes, recordando a los asistentes que esa actividad fue planeada por los jóvenes de Morena, aunque en verdad, los concurrentes eran más de la generación de los charlistas, uno que otro curioso y algunos funcionarios aún en turno de la secretaria de educación y el instituto de cultura, los cuales compartieron mi interés por saber qué pasó en Tabasco en 1968.

Luis Acopa

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