Manuel Felipe

A mí lo que me pone de cabeza es cuando tengo que ir por las compras, carnal. La neta, no sé todavía cómo lidiar con todo este desmadre. Estarme echando gel antibacterial cada que toco algo ¡me aturde! O si escuché un estornudo cerca, me pone bien loco, bien nervioso.

Lo bueno es que orita el precio anda más o menos accesible como para darse esos pequeños regalos, así que hago la ruta un poco más larga y ahí voy, viendo el paisaje de la ciudad, casi desierta, y orita como es primavera, quedo impresionado con los colores de los árboles, ya sabes, guayacanes y macuilies, que son los más coloridos. ¡Ah!, pero también me toca ver como a la gente, a mucha gente, les vale madres esto de las medidas preventivas, ¡coño! Las ves ahí, caminando sin cubrebocas, y algunos hasta con toda la familia, carnal, ¡eso es no tener madres!

El otro día me lancé por la despensa, de una vez para toda la quincena y no estar saliendo de casa a cada rato. Me puse el cubreboca, hecho aquí, en casita y personalizado con el logo del Necaxa, rellené mi botecito de antibacterial, ese que agarro para llevar a todas partes, eché Lysol en el carro, y conecté mi teléfono, pos para escucharme mis rolitas, porque lo único bueno que tiene eso de salir por las compras, es que te distraes un rato, y la verdad es que yo hago que la ruta sea larga, aunque gaste un poco más de gasolina, lo bueno es que orita el precio anda más o menos accesible como para darse esos pequeños regalos, así que hago la ruta un poco más larga y ahí voy, viendo el paisaje de la ciudad, casi desierta, y orita como es primavera, quedo impresionado con los colores de los árboles, ya sabes, guayacanes y macuilies, que son los más coloridos. ¡Ah!, pero también me toca ver como a la gente, a mucha gente, les vale madres esto de las medidas preventivas, ¡coño! Las ves ahí, caminando sin cubrebocas, y algunos hasta con toda la familia, carnal, ¡eso es no tener madres!, te lo digo en serio. La verdad es que me encabrona ver ese tipo de banda, que no tiene un poquito de sentido común y creen que esto es pura mentira, porque a mí me consta que sí es verdad, tengo un primo que es enfermero y me tiene al tanto de los que mueren por eso del coronavirus, bueno, la verdad es que el esposo de una compañera de trabajo, murió de eso hace unos días, y sólo le dieron una urna con sus cenizas, sin velarlo, ni nada, sólo las cenizas y listo. Pero te decía, voy recorriendo las calles, escuchando a los Cridens, que eso es herencia de mi viejo, y paso por un par de chelitas al Oxxo, y ahí voy, en lo que llego al súper.

­–¿Has ido al súper en estos días?

–La verdad es que no he salido de mi casa desde que nos encuarentenaron en el trabajo, carnal.

–¡No mames!, orita hasta filas hay que hacer para que entres, te ponen antibacterial en las manos, limpian tu carrito y entonces entras. Y ya sabes, ahí va uno, recorriendo uno a uno los pasillos, viendo a la poca viejada que llega, porque la verdad es que orita, lo que ves, es pura machada. Ahí los ves, con su listita del mandado, igual que uno, porque, la verdad sea dicha, eso lo hacen las mujeres, ¿qué, no? Tú porque vives solimán, pero si estuvieras casado, pos namás vas al súper porque te lo pida tu mujer, eso sí, en mi caso, que no interfiera con los juegos del Necaxa y ya está, carnal. Pos te decía, el otro día me lancé por la despensa y me eché mi inexorable par de cervezas en el carro, y cuando voy entrando al súper, que me dice el de la entrada que no puedo entrar. ¿Pero por qué, joven? Porque no trae cubrebocas, señor. ¡Madres, carnal!, casi casi que me da el patatús. En chinga me regresé al carro, y pues, ya me lo puse, y fue que me permitieron pasar. Obviamente no le dije nada a mi mujer, capaz que esa noche no me dejaba dormir con ella, pero vas a ver, que días después, me empezó una tosedera por la noche, y como, desde que empezó toda esta situación, he estado leyendo del asunto, que me lanzo a la cocina y me preparo un vaso de agua con bicarbonato, y así, como veinte minutos haciendo gárgaras en el baño. Hasta ahí pensé que todo bien, porque en toda la noche no volví a toser, y al día siguiente nada, hasta me tomé unas chelitas que tenía guardadas en el refri. Pero en la noche, ahí estaba otra vez la pinche tosedera, y ahí me ves, de nuevo con el agua con bicarbonato, pero esa vez no fue suficiente. Esa noche no pude dormir, y pues me salí del cuarto, para que Bertha durmiera bien y no se preocupara por la tosedera que me cargaba. Para no hacerte el cuento largo, al día siguiente me dijo Bertha que sería bueno que me fuera al médico, pero yo le dije que no tenía caso, que no me había dado fiebre, ni tampoco me sentía cansado, aún así, ella insistió y, por mera complacencia, me lancé al médico. Bueno, la verdad es que también quería sacarme de dudas. Y pues nada, sólo era una alergia que había adquirido, muy común en esta temporada primaveral, me dijo el médico. Y ya con toda la seguridad que te da el tener el dictamen del galeno, me lancé por este cartoncito de chelas que nos estamos aventando, mi estimado, tú en tu azotea, y yo en la mía, para respetar eso de la sana distancia.

Dicho lo anterior, y mientras nos chutábamos los discos de acetatos de Cridens –herencia de su viejo– mi vecino alzó su cerveza, correspondiéndole yo, de la misma manera, con esa universal seña que todos conocemos y que quiere decir ¡Salud!