Juan de Jesús López

I

Hoy es el día del santo descabezado al que, la Villahermosa católica, le rendía honores dentro de las celebraciones citadinas en los parques, iglesias, domicilios y corazones, con misas y danza de caballito en la Catedral, y pastelones de más de dos cuadras de largo que regalaban los comerciantes del Centro Histórico de la ciudad. Este año llegó el coronabicho y mandó a parar. Después de la encerrona de dos meses, de puertas cerradas y cortinas abajo, los dueños de negocios se lamentan en quiebra y a los parques se les declara territorios restringidos. Las autoridades, sometidas por sus afanes de sobrevivencia política promueven decisiones, proyectos, actos que los mantenga en el ten topic de la ciudadanía ciberespacial y tapan otros que vayan contra del presunto sentido común popular viandante. Claro, a quién se le ocurriría comer del pastel cuyas velitas fueron sopleteadas por cientos de ciudadanos que viven bajo el estigma del semáforo rojo de la contaminación letal. Además se vería feo un montón de gentes hacinadas haciendo fila por un trozo de pan con crema de arta azúcar batida de colores como si se tratase del día del niño en las pixerías rascuachas promotoras de la hipertrigliceridemia. No señor. Para colmo la víspera o sea ayer martes ocurrió el tercer temblor más intenso de 7.5 del país, se vino encima la primer lluvia atronadora de verano que entró sin pena ni gloria el lunes. Hoy es pues, miércoles 24 de junio, estamos estrenando el tercer día de la Nunota, es decir, de la Nueva Normalidad Tabasqueña alumbrada por el semáforo rojo de la contingencia, con nueve mil infectados y 900 muertos por Covid-19. Con esto a cualquiera se le acalambra la pushcagua y el cogote. Pero, en estricto sentido celebraticio: Feliz día a todo los juanitos, juanitas y juanites.

II

Leí que todavía en la séptima década del siglo pasado se acostumbraba en el día de San Juan Bautista, asestar chancletazos, coscorrones, cuartiza con zorrillo y jalones de oreja, unos y otros repartidos en nalgamerías y cachoyas de los niños chocos con un fin estrictamente motivacional: que crecieran. Recuerdo que mi madre daba bandazos espirituales pero la abuela y los tíos no me la perdonaban. No sé ahora cómo va la cosa. Pero si le toca, que la rameada sea leve y provechosa. También se dice aunque sin tanto fervor que este 24 de junio de 2020 se festeja el 458 [o algo así] aniversario fundacional de la antigua San Juan Bautista, hoy Villahermosa, zona tórrida del sureste mexicano. Algunos reparten mientes y refieren que no. Pero eso es pleito sabido en el que ni los especialistas de la historia de la patria chica se ponen de acuerdo.

Foto: Archivo Histórico de Tabasco.

III

Rafael Domínguez en su libro Tierra mía, dice: “Parece que Cortés fundó en el propio sitio en que venció a los aborígenes de Tabasco, a orillas del Grijalva, el 25 de marzo de 1519, día de la Encarnación del Divino Verbo, precisamente para celebrar el triunfo, la ciudad de Santa María de la Victoria, donde resulta que fue ésta, en realidad, la primera ciudad que en la América fundó el Conquistador”. Esta ciudad de la que nos habla Rafael Domínguez estaba ubicada frente a lo que es hoy el puerto de Frontera pero los españoles tuvieron que abandonarla por los continuos ataques de la piratería, comandada por Francis Drake. Fue así como llegaron tierra adentro en 1596 a un ranchón de ganaderos, situado sobre lomas y a orillas del gran río, y allí se establecieron para crear lo que hasta el pasado año fue la ciudad de Villahermosa y que durante mucho tiempo llevó el nombre de San Juan Bautista de Villa Hermosa. No me crean.

IV

La andrajosa pitonisa lo dijo: esta ciudad de ahora en adelante se llamará Villahell. Pero ni quién le creyera a una mujer que desde hace nueve años recorría las calles de la ciudad arrastrando su enorme bolsa de basura llena de ropas y con esa esqueletura rellena de chamarras, pantalones guangos, el pelo de rasta con tiras de colores y campanulas espermatofitas. Yo acaso por mí condición de borracho solitario la vi una vez bañándose desnuda en la fuente de plaza de armas: su cuerpo alámbrico y sombras duras, el espanto atrapado en el pubis de toro lunar donde la luz se estanca. Un animal de extraña ternura con gestos de carbón y difuminados aluros de plata que iban más allá de los pixeles que no quise molestar con una foto. Pero ni quién hiciera caso ni tomase en cuenta la extraña coinciden de que muchas mujeres soñaron onírocos desastres que olvidaron tan pronto los cuagularon sobre la boca. Muchos decían que fue un grito y otro que un lamento, pero todas dijeron lo mismo al mismo tiempo. La verdad sea dicha los científicos ya habían pronosticado tiempo atrás que esta ciudad desaparecería bajo el agua por el calentamiento global que derretía las placas de hielo del norte y sur. Y otros aseguraban que los Mayas ya lo habían adelantado en la estela que se encuentra en esta ciudad y al parecer relata la desaparición de un pueblo que vivió en la parte alta de Tabasco. Como sea, así fue pero no tal cual. El temblor aquel despegó la capa de tierra de aluvión que durante el pleistoceno se asentó sobre la roca tectónica deste lado donde el Golfo de México es el fondo de la olla. El desgarrón fue de unos centímetros y los científicos aplacaron el miedo colectivo diciendo que no pasaría nada pero los puentes se resquebrajaron, surgieron lagunas, los ríos enloquecieron en sus cauces, se hicieron islotes. Socavones enormes se tragaban colonias enteras y la ciudad poco a poco se fue deslizando hacia la mar gólfica. Quedamos atrapados y la única salida posible era por aire pero había pocas naves aéreas para sacar a la población. Dejamos todo. Con mochila en los hombros hacíamos largas filas. Miramos. Vimos la cola de polvo solar de un Ángel amarillo montado sobre un Guajofante tocando la trompeta de Jericó. Y zas, se apagó todo.

V

Me mandan buenos deseos. Agradezco y reenvío besos desinfectados y temblorosos desde mi corazón tapaboqueado… El insomnio sin café, mata.

Foto: Ernesto Chacón Robles