Juan de Jesús López

Mi nagualito vive en una tinaja de jícaro, se alimenta de salamandras tiernas, huevos de pájaros y guayaba criolla. No le gusta el mundano mal olor de la vida diaria acumulada: la ropa sudada o el mal olor de la comida en la boca de los humanos. Almacena hoja de momo, zacate limón, albahaca, cojollitos de epazote y naranja agria. Es un coleccionador exquisito de piedras golfoares. Gatea cuando avanza en tramos cortos, avienta una pata, luego otra, se bambolea; pero cuando avanza más allá de tres veces su cuerpo en realidad se desplaza, aparece y desaparece con la suavidad de las jolocintas jugando a zambullirse en el agua con sus crías. Tiene la voz de un niño y una especie de flamas azulverde que le sale a lo largo de la columna: no quema, pero deja una sensación calambres y de ardor con picazón en la piel que te obliga a rascarte hasta casi quitarte la piel. Le gusta enloquecer el frágil equilibrio emocional de los zanates y pijules jalándoles las pestañas. Los zanates satisfacen su furia taladrando el cráneo de los gatos y las ardillas que no tienen las cualidades escapistas de los nagualitos. Ese es el mayor sentimiento de culpa que los entristece aunque no el único. Un nagualito es diferente al yumkaj. El Yumkaj necesita muchos árboles, muchos cuerpos de agua y mucha tranquilidad, no se mete con nadie pero tiene mal carácter y es muy celoso de su espacio, aunque le gustan los regalos bien intencionados y se aficionó a los juegos de barajas. En cambio el nagualito es, por decirlo así, más doméstico pero no se engañen, tienen su carácter Son pequeños espíritus que se acomodan en los objetos, de hecho se cargan de la energía que las personas depositan en los objetos. No los eliges, ellos te eligen, no los descubres ellos se descubren, si hay cachorros de perro en casa son felices, si hay niños, son juguetones y hasta los cuidan escondiendo las canicas para que no se atraganten. Una forma de tenerlo siempre contigo es haciendo un pequeño collar rojo para su cuello. Les gusta el rojo y las mujeres que saben volar. Mandil o bolsillo. Le gustan la memoria de los hombres viejos.

Extraño a mi abuela doña Charo, extraño a mis hijos. Puto domingo sin café, y este encierro que no acaba.

El nagualito es, por decirlo así, más doméstico pero no se engañen, tienen su carácter Son pequeños espíritus que se acomodan en los objetos, de hecho se cargan de la energía que las personas depositan en los objetos. No los eliges, ellos te eligen, no los descubres ellos se descubren…