Juan de Jesús López

Antes de la puerta y después de la puerta. Eso divide al mundo hoy al menos en la ciudad tapiada por decreto. La frontera de la mismidad: el más acá de la puerta y su silencio y el más allá de la puerta y su vacío. Hacia adentro de la puerta están las cosas familiares pero no domésticas que tienen su propio criterio y sus protestas emancipatorias que el mismo hombre inició con la muerte programada de las cosas. Se rompe una, y lueguito sigue otra, y luego otra. No les ha pasado!? Justo en el momento menos oportuno se acalambra el refri, se tapa la taza del baño, se aflojan los anteojos; una especie de fibromalgia generalizada, una enfermedad fantasma que lo abarca todo. Y por último, se deprime el modem. Y ahí sí, la neurosis completa, muy pocos aguantan una temporada de cuarentenamiento sin internet, sin computadora o sin celular. Esas madrinolas de mandan solas, es la famosa inteligencia de las cosas. Su venganza. A veces como que se ponen de acuerdo y empiezan a fallar unas tras otra en completa complicidad. Quieres aplacar el monstruo adolescente quítale cualquiera de esas cosas; quieres despertar el monstruo adolescente quítale cualquiera de esas cosas.

Foto: Juan de Jesús López

Leído por ahí: Mamá –joven argentina de 17 años– tenme paciencia porfavor que esta es mi primera cuarentena.

Como ya he dicho: Antes de la puerta y después de la puerta. Bienaventurados los que tienen oficios que los mantienen fuera, incluído su alto riesgo de morir por ese minúsculo terror que tiene sitiado el mundo: el Covid-19.

–¿¡Qué quieres estudiar en la universidad!?

–Una profesión que me mantenga fuera de la casa.

–Todas son de riesgo letal. ¿¡No tienes miedo!?

–Preferible a estar encerrada con ustedes.

Al otro lado de la puerta está el bullicio.  Y el miedo. Relato encontrado:

Un comerciante se encuentra con la plaga en su camino. El mira la plaga alarmado y le pregunta:

–¿A dónde vas?

–A Bagdad.

–¿Cuántas personas matarás?, pregunta el comerciante otra vez.

–No muchas, sólo 5000 personas, responde la plaga.

El tiempo pasa y el comerciante se encuentra con la plaga de nuevo en su camino. Ya había oído que 60 mil personas habían muerto en Bagdad a causa de la plaga.

–¿¡Me dijiste que matarías a 5 mil personas!?, sin embargo, mataste 60 mil vidas, le dice muy enojado a la plaga.

La plaga le responde con calma: Maté a 5 mil personas. Los demás murieron de miedo.

Saben de verdad en qué pensaba hoy: en lo que haré el primer día que termine esta cuarentena. Caminar, solo caminar. Volver a ver el malecón y su gigante patalarga, reconocer sus calles viejas, y saludar a los amigos que quizá no sobrevivan a la próximo periodo de confinamiento social.