Miraldelly Marín

Hace apenas dos días estaba cierta de lo que tenía por hacer y las fantásticas ideas que por momentos parecen posibles, pero la realidad es abrumadora y asfixiante como este trópico del que foráneos han dicho es un infierno. Taciturnos todos en casa, excepto los perros quienes con sus correrías anuncian que aún seguimos vivos, tras las rejas vemos el ir y venir de la gente, hieráticos en la pisada; señal de que ya no somos los mismos y de que poco a poco muere la esperanza de volver a lo de antes. No ser los mismos se nota desde lejos, nos delata ese impávido caminar pues no sirve de nada apurar el paso si de todos modos la incertidumbre nos alcanzará, no será útil ya darse prisa bajo el hipócrita sol que finge no quemar, para qué hacerlo, si en la clandestina sombra se abrasará la piel hasta hacernos mascullar una maldición por haber nacido. Diario la fe se seca a la intemperie a merced de una caliente brisa que viene desde no sé donde recogiendo humedades, es mejor no pensar en nada, porque podrían venir ideas sobre cómo suicidarse; preferible es solo escurrirse como hoja majada por el calor con pocas posibilidades de renovarse con el arribo de la noche y quizás morir infaliblemente como planta descuidada.

No ser los mismos se nota desde lejos, nos delata ese impávido caminar pues no sirve de nada apurar el paso si de todos modos la incertidumbre nos alcanzará, no será útil ya darse prisa bajo el hipócrita sol que finge no quemar, para qué hacerlo, si en la clandestina sombra se abrasará la piel hasta hacernos mascullar una maldición por haber nacido.

Hoy, Revueltas, quien siempre agita mis pensamientos ha puesto nombre a mi desolación, a este encono con la humanidad, a la opción no autorizada de ver y juzgar en otros los vicios y la suciedad, todo para no asomarnos a ese estanque en cuyo fondo yacen nuestras peores versiones, porque si lo hiciéramos en nosotros mismos terminaría (todo) en un auto desprecio suicida. Buda también ronda mis movimientos, no está lejos de mi Revueltas (él no sabía que sería mío) quien igual de claro sobre la inminente muerte humana nos advierte en el Sutra 26 “Eres como la hoja amarilla. Los mensajeros de la muerte están cerca. Vas a realizar un largo viaje. ¿Qué llevaras contigo?”

Foto: Miraldelly Marín

Quién diría (solo Revueltas) que la repulsión por la humanidad es la propia, la del cuerpo y sus humores, el cuerpo y sus amores, la cama y las distancias, la indiferencia y la extrañeza, los extraños que se aman y se extrañan, los sueños con signos de deseos, los egos que no caben en las redes, la vida contenida en frases cortas y absurdas de lo que cada uno hace, aunque en el fondo todos se desprecian.

Hoy la brisa ha sido menos que tibia, los perros se han bañado y vuelto a revolcar en la tierra, ellos y el amor continúan alegando que lo importante es sobrevivir. En tiempos de pandemia, de las que se dice solo duran diez años. Abril todavía del 2020.