El fin de semana fue emocionalmente intenso. Primero supe, por un periódico que consulto por internet (en realidad ya no gasto en comprarlos, porque sé que son un desperdicio, las noticias viajan más rápido en la red, y en esos impresos, ya nadie escribe, sólo reescriben el boletín; de analistas ni qué hablar, desde que los propios políticos ocupan los espacios, se me hace innecesario gastar tiempo y dinero), supe que millones de pesos vendrán veloces a Tabasco, algo me entusiasmó y me dije sin decir nada en voz alta, «hasta que pintaremos la casa»; pude ver sin ver en realidad cómo el rostro de mi mujer se iluminaba e imaginé a mi pequeño vástago, con una hemorragia de felicidad, porque por fin volvería a funcionar el clima del carro, aire que expiró justo al comenzar mayo; la felicidad me arropaba, más ya se sabe que este estado es sólo momentáneo.

Pude ver sin ver en realidad cómo el rostro de mi mujer se iluminaba e imaginé a mi pequeño vástago, con una hemorragia de felicidad, porque por fin volvería a funcionar el clima del carro…

La ilusión se desvaneció al leer la nota completa y comprobar que se refería a los petroleros «ahahahah -me dije- nada nuevo». Ellos siempre son los beneficiados y nosotros los perjudicados, le subirán a todos los servicios, ya que el empresariado local cree que todos tenemos que ver algo con el petróleo. Como si fuera un cuento, al tiempo que yo leía la nota, entró un mensaje en mi celular y con emoticón incluido se me decía «Ánimo, pronto estaremos mejor. Ya viene la billetiza». Apunto estuve de contestarle al remitente futurista, que mi familia y yo, la relación más cercana que hemos tenido con el petróleo solo fue por asuntos de aromaterapia, y eso porque la abuela se untaba petróleo como mi madre vaporub, creyéndolo una solución y prevención de todos los males; abrazarlas es quedar impregnado de esos olores. Aunque ahora a la distancia, en que mi abuela ya no está, debo confesar que cuando cargo gasolina, su recuerdo me viene a la memoria y pasa un ángel que me deja pensativo, acto que confunde al expendedor del vital líquido del desarrollo sureño y del país, que por lo general me acota con «volvió a subir».

Mi familia y yo, la relación más cercana que hemos tenido con el petróleo solo fue por asuntos de aromaterapia…

Porfiado que soy, regresé a internet y leí que vendría AMLO a hablar con los empresarios para los terrenos y la ocupación hotelera, una derrama de ciento y pico de millones, por un momento volví a ver el mensaje del teléfono, y pensé que ahora sí podría pagar puntual las tarjetas y saldar las deudas corrientes, pero recordé que el único terreno que tengo es este que INFONAVIT no me permite olvidar (promete que por los próximos veinte años) y que lejos queda de Paraíso, mucho menos será un condominio; así que me dije «ummm», otra vez los mismos.

Así que volví al desánimo de siempre, convencido que todo es por no llegar a tiempo, si hubiese nacido unas décadas antes podría ingresar al programa de apoyo de adultos mayores; si hubiese nacido un poco después, al programa de becas para jóvenes estudiantes o pensión por ser nini; si hubiese seguido el ejemplo de mi vecino y no hubiese pagado la luz, sentiría que algo habría ganado. Si hubiese decidido estudiar una ingeniería sería un indignado petrolero que se rehusa a regresar por decreto al pueblo. Pero no. Estoy, según el INEGI, en mi etapa más productiva, como un sujeto activo de crédito, que “gana poquito -como diría el futuro presi– porque es bendito”.

Como siempre, este textículo lo pueden citar, reproducir e incluso clonar, incluso sin ningún pago, siempre y cuando se le de mención al autor.