El filósofo coreano Byung-Chul Han (1959), quien actualmente vive en Alemania y es traducido en diversos idiomas, afirma que hemos pasado de una sociedad de la obediencia (al líder de la tribu, monarca, emperador, rey, clero, presidente, empresarios y etcétera), a una sociedad del rendimiento, donde como la figura del Uróboros  (la serpiente mitológica que se alimenta a sí misma, a través de su cola), nos devoramos por una ansia inexplicable del querer hacer, para poder conseguir lo que nos permita “estar mejor” y poder ser lo que deseamos. Es decir, no importa la meta en sí, sino lograr llegar a ella, para después buscar una nueva.

Esta vorágine de autoexplotación es silenciosa y nos ha permeado en todas las actividades, por eso el político sólo descalifica y no argumenta; por eso la sociedad repite el consenso y no analiza; por eso estamos condenados, que aún cambiando no haya un cambio.

Así, vivimos en un frenético día a día, donde lo que importa es el rendimiento, lo que producimos, no para detenernos y apreciarlo, sino para saber que siempre habrá más que se pueda hacer. Estamos en una espiral que fluye y en la cual no hay tiempo para siquiera reflexionar, porque siguiendo la idea de Byung-Chul “el sujeto de rendimiento es más rápido y más productivo que el de obediencia” (La sociedad del cansancio.2010. iBooks), puesto que este sujeto, se sustenta en el principio del “deber”, entendiendo que él, no se pertenece en sí, sino es una parte del sistema que “necesita” de su productividad. Es decir, estamos en una autoexplotación determinada por la productividad. Por eso, hoy ya no importa si el científico innova en algo, lo que interesa es que contribuya con el sistema a través de los comprobantes de su productividad, aunque ésta no sea significativa en el corpus de la ciencia. Lo mismo pasa en el arte, no importa la obra, lo que importa es que se produzca aunque no se diga nada; que se publique aunque no se cree; que se hagan actividades con el apellido “cultura”, aunque no incidan en la cultura de nadie. Productividad por productividad, estamos en una sociedad de los informes numéricos, donde lo que importa es lo que se puede graficar.

Esta vorágine de autoexplotación es silenciosa y nos ha permeado en todas las actividades, por eso el político sólo descalifica y no argumenta; por eso la sociedad repite el consenso y no analiza; por eso estamos condenados, que aún cambiando no haya un cambio. Necesitamos aislarnos, bajarnos de la espiral. Volver a las cosas simples, hacernos más preguntas que puedan no tener respuestas inmediatas. Necesitamos abstraernos del tiempo que nos ha determinado la productividad para replantearnos a dónde vamos y qué queremos de nosotros, sólo así, tendrá un sentido pensar en un mejor mañana, mientras tanto solo estamos perpetuando una existencia hueca, que cuenta sin contar.

Este textículo se puede clonar en espiral, siempre y cuando se le den crédito a su autor. La foto que ilustra estas líneas es de Jaime Arturo Ávalos Gómez, a quien agradezco su uso.