Deja que los libros te encuentren, entrevista a Vicente Gómez Montero

Estas preguntas fueron formuladas a través de correo electrónico, amablemente contestadas por el escritor, se realizaron en el mes de julio de 2018 y nos permiten acercarnos de manera más directa con el creador tabasqueño de novelas, obras de teatro y cuentos.

 

1.-¿Desde cuándo es escritor Vicente Gómez Montero?

Es una pregunta interesante. Creo que desde que escribí un primer cuento allá por los 12 años. Malo, muy malo. Mi papá me alentó y me felicitó. Mi padre leyó mucho en su primera juventud. Pero obviamente, no le iba a decir a su vástago que sus primeros escritos eran una porquería. Después, andando el tiempo y leyendo muchos libros, vi la convocatoria de un concurso del ÁGORA FONAPAS (el antecedente del DIF) para presentar un cuento. Gané. Citaron muy temprano a la premiación y realizaron la ceremonia como a la 1 de la tarde. Por eso casi no recibo el lote de libros que era el primer lugar. El cuento se llama El presentimientoy me lo publicaron en Diario Avance. El jurado era de cuidado. Fernando Nieto Cadena, Roberto Elías Calles y Lácides García Detjen. Tenía 19 años y desde ese momento me propuse ser escritor.

No escribas para quienes crees que te leen.

 

 

2.- ¿Dónde y con quién aprendió a escribir, es decir, asistió a talleres o escuelas para escribir?

Al principio no. Me inscribí en el taller literario de la casa museo Carlos Pellicer, que comandaba el maestro Andrés González Pagés. Andrés tuvo algún problema con el gobernador Neme por eso, abandonó el taller dejándoselo al poeta Nieto Cadena. Además, tuvo que irse del estado. Una bronca de esas en las que hubo más cizaña que verdadera intención de hacer más. Ahí me formé gracias a la guía de Andrés y a la crítica que hicieron en ese momento de los textos los concurrentes a ese taller. Mario De Lille (+), Manuel Barbosa (+), Ramón de la Mora (+), Arnulfo Giorgana Figueroa (+), Teodosio Gracía Ruiz (+), Jesús E. de Dios (+) Gerardo Rivera, Gonzalo González Calzada, Miguel López Cervera. A veces llegaban Francisco Magaña, Migue Ángel Schills, Maximino García Jácome, Norma Domínguez, Leticia Rivera, Diosdado Virgilio, Antonio Solís, Hilario Feria. A veces Delia Sambarino, Fernando Nieto, Marco Antonio Acosta. Se agregaron después Fredy Domínguez Nárez, Eduardo Salinas, Rodolfo Uribe. Eran otras épocas. Hice el curso de la SOGEM (Sociedad General de Escritores de México) mismo que traje aquí al estado cuando trabajé en Promoción Cultural del Instituto de Cultura. He ido a muchos cursos y diplomados literarios. Uno muy curioso en Cuernavaca, Morelos, impartido por el poeta David Huerta, Enrique Espinosa, y el director del Instituto Morelense de Cultura, del que –maledicencia aparte– no aprendimos nada. Creo en la enseñanza de la Literatura, tomando el asunto como enseñanza de la técnica. El talento es otra cosa.

 

3.-¿Cuántas horas le dedica al proceso de escritura y lectura, y cuál es el horario que prefiere?

Leo por la mañana. La oficina tiene tiempos muertos después de ramalazos de intensa actividad. Leo ahí. Leo en casa, a veces por las tardes. Leo mucho los domingos. Tomo mis vacaciones leyendo y vivo esas vidas maravillosas porque no me atrevo a vivirlas yo.

Para escribir empleo la noche, llevándome muchos regaños por parte de doña Lorena, mi ángel custodio. La noche nutre la fantasía, el poder de la historia, la anunciación del extremo literario. Ahí me pongo a escribir, a bosquejar una historia, una idea, la filiación de mis personajes. El encuentro con historias que maquino en la mente. Tortuosa es la vida de un novelista. Sobre todo porque debe estar atento cuando aparece la anécdota, la historia que debe usarse. Hay historias que no.

Las mañanas me son para el trabajo, la chamba. El oficio es otra cosa.

 

4.-¿Qué prefiere leer o escribir?

He llegado al punto de deshacerme de una buena parte de la biblioteca para dejarle espacio a mis libros de Fantasía. Creo en este género, en este audaz mirar hacia atrás, o adelante, recomponiendo la Historia convirtiéndola en muchas historias. Y lo hago porque amo este singular regodeo en lo que no existe, transformándolo en lo que existe, una de las más nuevas apuestas en el ámbito literario. He dejado de leer a otros autores para ofrecerles a los autores de Fantasía un librero entero de mis estantes. Leer me dignifica. Escribir me nutre.

 

5.-¿Por qué escribe narrativa?

Mira, es una historia igualmente larga. En el taller de la casa museo Carlos Pellicer, todos eran poetas o narradores. Yo llevé mis textos de teatro. El poeta Nieto Cadena me dijo que mi lugar estaba en el teatro, físicamente, con actores y directores. Al principio me chocó esta salida. Tiempo después me di cuenta que tuvo razón. La labor del taller literario es sobre el texto y sus herramientas de la ficción en el cuento o la novela. En la poesía es sobre la imagen y el lenguaje. El teatro agrega, además, la necesidad del cuerpo, la voz, la presencia escénica así como del deus ex machina, el movimiento escenográfico que acomoda la referencia dramática para el espectador. Ahora bien, el género más cercano a la dramaturgia es la narrativa. Narramos la historia de personajes y escenarios. Qué tanto influirán unos en otros es la apuesta narrativa. Qué tanto se dejará envolver el personaje en su entorno es la apuesta del narrador. Por eso, para continuar abrevando de este taller, decidí iniciar una novela. La concluí. Dejé el taller literario y muchos años después, rayando el siglo XXI, volví a revisar mis textos teatrales. Gané un premio convocado por UJAT, SEDECULTA e INBA, publicaron la obra ganadora en un libro que atesoro mucho por su bella edición y porque es lo primero que publiqué en teatro. Se llama Los órganos milagrosos. He combinado los dos géneros, narrativa y dramaturgia, fascinándome en ambos como si fuese un malsano espíritu que se acomoda en dos camas diferentes.

 

6.-¿Novela, cuento o dramaturgia?, ¿por qué?

Los tres. O las tres, si lo tomamos por el sinónimo de laescritura. Me gusta pensar en un autor completo. Que escriba las tres formas y que sea bueno en las tres. O los tres. Es una lucha diaria. Hay temas de teatro y hay temas de la narrativa. Carlos Fuentes es espléndido en novela y cuento. Su teatro es narrativo, no para la escena. Shakespeare no tiene una obra narrativa, aun cuando ya existían las novelas como tales en su tiempo. Borges no tiene una novela y el teatro de Bernard Shaw es muy superior a su obra narrativa. Roberto Artl equilibra ambas y Fernando del Paso tiene tres novelas maravillosas y una obra de teatro muy poco teatral. Es cosa de aplicarse, creo.

7.-Nos podría compartir su metodología de escribir, es decir, ¿piensa mucho una historia antes de escribirla o surge de inmediato?, ¿primero la idea, o poco a poco va saliendo?, ¿escribe con música?

Pienso mucho la historia. Para mí el principio es crucial. De ahí partirá todo. Si surge de inmediato me arreglo para poner en libreta – me da pena confesar que aun escribo en esas libretitas escolares llenas de anotaciones y correcciones – o en ordenador ese inicio que nos llevará a la historia como principio de una larga relación. Mira si no el transcurso de Las mil y una noches. Milan Kundera, además, dice que la novela debe complicarse, volverse intrincada, sugerir al lector que las cosas no son como las piensa. Que pueden serlo más. Escribo con música sí. Oigo óperas. Cosa que no debería decirte porque no aprecian mucho los noveles escritores –y lectores– esta demostración del hibridismo artístico. Escucho igualmente música de cine o de series de televisión. Música de Juego de tronos, celta o del Renacimiento. Hace poco pergeñé una historia que ocurría en un país árabe. Indagué y puse música árabe que fue construyendo la historia. Del mismo modo encontré hace ya algún tiempo un autor, Antonio López Valdivia, que tuvo allá por los ochenta un grupo denominado,Los tiempos pasados. Lo escuchaba así mismo porque los acordes forjaban un entorno fantástico. De eso salió la conjunción musical y literaria. Me gusta mucho Wagner, más que Mozart, me duele confesarlo porque en mi primera juventud era al revés. Escucho música de concierto –el término “música clásica” es aborrecible– y me conmueven las óperas de heroínas fuertes pero al mismo tiempo sensibles. Madama Butterfly, Mimí, Tosca o Liú, todas de Puccini.

 

8.-¿Podría definir, con sus propias palabras, el subegénero de su elección?

Me gusta mucha la novela. Creo que es donde puede el artista renombrar, modificar, acomodar, ensalzar o aminorar el lenguaje. Y las historias. Me gusta pensar en una historia que me contaron muchas personas o imaginar que voy conociéndola a medida que se desarrolla la trama. Me gusta crear personajes. En ellos reside la esencia de la novela. El cuento cuenta más una anécdota. El teatro es más de situaciones. La novela cuenta cosas de héroes o antihéroes, de villanos y de mujeres fuertes o sumisas. En todas, la naturaleza humana funge como referente esencial.

 

9.-¿Quiénes son sus escritores de cabecera y cuáles sus obra?

Definitivamente, José Lezama Lima con Paradiso. Manuel Mujica Láinez con Bomarzo. Fernando del Paso, Palinuro de México. Carlos Ruiz Zafón con El juego del ángel. Walter Scott con Ivanhoe. Robert Louis Stevenson, La isla del tesoro. Daína Chaviano, Fábulas de la abuela extraterrestre. Shakespeare, Borges, Georges Rodenbach, Alejo Carpentier, Care Santos, Álvaro Cunqueiro, Emiliano González Campos, Jordi García Bergua, Tolkien, Ray Bradbury, Úrsula K. LeGuin, Hoffman. Espero la lista no sea muy larga.

 

Me gusta crear personajes. En ellos reside la esencia de la novela.

 

10.-Si pudiera escribir un decálogo del género elegido ¿cuál sería?

Es demasiado pretencioso, creo. Pero a ver. Tomando un inciso de varios autores famosos, trataré de hacer un collage conceptual.

1.-“Para asegurarse que procede con lentitud, escriba a mano.” Annie Proulx. Sí, ya lo decía hace un momento, no olvidemos que, por mucha tecnología que desarrolle el ser humano, siempre es mejor recordar que las grandes obras de la literatura se hicieron con tinta y papel. Regresar de vez en cuando a ese aspecto del arte nos hará tomar conciencia del suceso artístico.

2.-Tenga en cuenta a Oscar Wilde: “Un poco de sinceridad es peligrosa, y una gran cantidad de ella es absolutamente fatal”. Joyce Carol Oates. En realidad son dos incisos en uno. Pero es real. O somos o no somos. Siempre el qué dirán destruye más carreras que las malas ediciones o la crítica literaria. Mucho de nuestro interior debe haber en nuestra obra. No exageremos. Ejemplos hay muchos. Mucho de aquellos, mucho de todos. Así se consolidan los textos.

3.-“Lea mucho y discrimine. La mala escritura es contagiosa.” P. D. James. Un joven me dijo que no lee libros para no contaminarse. ¿Lees diarios? Espeluznantemente respondió que sí, muchos diarios tabasqueños. Bueno, le dije, es mejor leer a García Márquez o a Juan Rulfo.

4.-“No sólo planee escribir, escriba. Es sólo escribiendo, y no soñando con eso, que desarrollamos nuestro propio estilo.” Elmore Leonard. Las novelas no se escriben solas, digo siempre en el curso que doy en la Escuela de Escritores.

5.-“Nunca use otro verbo que no sea “dijo” para acotar el diálogo. El diálogo pertenece a los personajes y las acotaciones son el lugar en el que el autor mete su nariz para que el lector sepa quién está hablando. El autor debería ser lo menos intruso posible.” Margaret Atwood. Nos gusta muchos entrometernos en lo que fluye. Ponemos diques, no puentes. Es terrible, ¿no?

6.-“Cásese con alguien que ame y que le parezca buena idea que Ud. sea un escritor.” Johnatan Franzen. Sí. Es cierto.

7.-“No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En una narración bien lograda, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.” Horacio Quiroga. Poco nos damos cuenta de este detalle en las obras que leemos. El chiste es absorberlo y asimilarlo.

8.-“Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.” Augusto Monterroso. Claro. No concibo la actitud postmoderna de querer escribir pero no leer. No concibo esta actitud millenial de querer ser escritor y no escribir.

9.-“Narrar es seducir: jamás satisfagas del todo la curiosidad del lector.” Andrés Neuman. Sí, correcto. Ni todo el amor ni todo el dinero, decían antes los papás cuando te casabas. Ni toda la historia ni todo el estilo en un solo libro, diría yo.

10.-Uno mío –creo que hice trampa–. No escribas por obligación. La idea transcurre, lleva a algún sitio. A veces al que no querías. No importa. La decisión es todo para un escritor.

11.-¿Qué opinión le merece el estado actual de la literatura?

Supongo que preguntas en Tabasco. Estamos en un impasse. Creo que los jóvenes escritores, excepciones aparte, posan de escritores. No es que en mis tiempos, cuando comencé a escribir (1979, creo) no los hubiera. La pose matará las generaciones venideras. Ninguno conoce a los escritores anteriores a Pellicer. Creo que ni a los posteriores. Es un estancamiento que fundó el poeta Nieto Cadena y que nadie revirtió. Desde los sesenta hay varias promociones de escritores que van olvidando las anteriores con lo que hemos creado un vacío. Creamos la eclosión vacía donde las generaciones literarias no se conocen pero existen.

Igualmente, la literatura que se hace en México me parece que tiene más rockstars que verdaderos creadores. Estamos frente a la diversidad de subgéneros cuando antes los novelistas se empeñaban en ser narradores serios. Asistir al taller que coordinó algún tiempo Salvador Elizondo era enfrentarse al menosprecio de los subgéneros que comenzaban a ser populares entre los jóvenes escritores. Elizondo desdeñaba a quienes escribían fantasía, ciencia ficción o los guiones de las revistas. Es literatura para muchachos. No es sería. Bernardo Fernández BEF, uno de los grandes autores de esta manera de escribir, me comentaba que en una reunión organizada por su hermana, un autor, de quien omitió el nombre, le dijo, así, muy suficiente, qué se sentía escribir para chamacos. BEF no respondió nada pero tuvo el ingenio de referirse a esta anécdota dándole un final de otro modo. Yo, refiriéndose a sí mismo, llevo muchos libros publicados, para chamacos si tú quieres. En cambio el autor aquel seguía sin publicar nada.

Los novelistas serios, en la época de los setenta y ochenta, no participaban del entusiasmo que conllevó a los jóvenes a buscar alternativas para escribir. Carlos Fuentes, a quien no dejo de admirar aun cuando su declaración fue desafortunada, dijo en 1978 que la novela era un género muerto, que sus temas, posibilidades, personajes y situaciones estaban agotados. Poco después, en 1982, Umberto Eco, un profesor de semiótica, recurría al subgénero de la novela policíaca rehaciéndoles el género a todos los novelistas con El nombre de la rosa. En 1989, poco más o menos, Adolfo Castañón dijo que la narrativa mexicana carecía de personajes originales. Señalaba a todos los que hasta ese momento aparecieron en las muchas novelas publicadas como arquetipos, no como personajes. Agregaba el autor colombiano que los dos únicos personajes verdaderamente creados por sus autores eran Pedro Páramo, de Rulfo y Carlota, del novelista Fernando del Paso.

Siguiendo este razonamiento comenzamos a salir de un brete para meternos en otro. Ejemplo. Desde hace un buen rato, creo que con Del Paso, la novela se ha convertido en ensayo que busca la ficción por medio del análisis literario. Julian Barnes en su novela El loro de Flaubert, se mete en la intrincada metodología aplicada a la novela tratando de encontrar las respuestas que el estudio infiere pero que la novela concreta. No es un ejercicio nuevo, sin embargo. Te recuerdo la novela de André Gide, Los monederos falsos, donde el autor coloca un ensayo en medio de la novela analizando las relaciones humanas, sobre todo amorosas. Milán Kundera adorna con digresiones hijas más de la filosofía que del arte. La novela ya no solo cuenta historias fabulosas, también reflexiona sobre la Humanidad y sus posibilidades afectivas, electivas, morales, sociales. Llamo la atención sobre la novela de Patrick Duville llamada¡Viva México!y sobre Canonde Federico Reyes Heroles. En ambas, los novelistas no solo cuentan una anécdota. Igualmente reflexionan sobre la historia de México el primero y de los encuentros y desencuentros de una pareja, vistos desde la óptica del análisis.

La novela es el género más difícil porque aporta la investigación, la búsqueda, el método. La novela vuelve por sus fueros. Los jóvenes escritores se retan. No es otra cosa la proliferación de las mal llamadas sagas dentro del cosmos novelístico. Ahora bien, cabe agregar que en USA o en Europa el novelista produce artículos de consumo. La gente lee novelas, esta es una realidad irrefutable. Somos hijos de la novela porque nuestras definiciones, acciones, dichos y referencias son a partir de que experimentamos la lectura de novelas. Molinos de viento, fiestas de té enloquecidas, las cloacas de París, las salidas ingeniosas de Tom Sawyer, el balance de un pueblo donde sus fantasmas se levantan para decirnos quién es el verdugo. Referencia tras referencia. El sonido de la novela aun conmoverá durante mucho tiempo al lector. Diría Kundera, la novela tiene la obligación de decirle al lector, las cosas son más complicadas de lo que piensas. Y sí. Es verdad.

 

12.-Siguiendo la idea de la pregunta anterior, ¿cuáles serían los escritores contemporáneos que usted recomienda leer?

Recomiendo mucho leer siempre a Lezama Lima. Su obra es portentosa. Se lee como un gran monumento literario. Incluso, como una gran historia del Génesis y el Apocalipsis me gusta pensar en Muerte sin finde José Gorostiza como una narración en verso.

Reconozco que la Literatura cobró un nuevo auge a medida que el conocimiento de los autores se fue haciendo más amplio. Antes no teníamos Google. Hoy sabemos de Milorad Pavíc, de Malika Mokeddem, de Care Santos, de Margaret Atwood, de lo antiguo y lo pasado porque el conocimiento es proverbialmente unánime a la revelación.

13.-Que le pudiera aconsejar a un nobel escritor Vicente Gómez Montero.

No escribas para quienes crees que te leen.

14.-Si Vicente Gómez Montero pudiera, como Borges en su cuento “El otro”, tener enfrente al Vicente Gómez Montero de 20 años, que le diría, qué le aconsejaría?

No leas a los que crees que escriben para ti. Deja que los libros te encuentren.

15.-Si pudiera escribir su epitafio, ¿qué le gustaría que dijera?

Así vivió, utilizando palabras de Lope de Vega:

¿Cómo compones? Leyendo,

y lo que leo imitando,

y lo que imito escribiendo,

y lo que escribo borrando;

de lo borrado escogiendo.

Entrevista realizada por Luis Acopa.