Manuel Felipe

Hoy nos dijeron que tendremos que trabajar desde casa. Ya lo veía venir, el sueño de todos nosotros volviéndose realidad, trabajar desde casa, echándote una bien fría si así lo deseas y ni quién te diga nada, mientras escuchas el nuevo álbum de Pearl Jam ¡de poca madre! No es que sea un mal tipo, entiendo que estamos en medio de un desmadre mundial, así lo visualizo, pues no me trago la conspiración de una falsa pandemia, lo que sí creo es que algo se salió de control. Pero volviendo a mi felicidad de trabajar desde casa, es simplemente, que tengo que verlo de esa manera, no lograré nada haciendo mil oraciones para que esto se acabe, eso le corresponde a los científicos, crear una vacuna y así tener la seguridad de volver a un juego de los Olmecas sin riesgo de contagiarme de covid 19. Por supuesto que sé, habrá mucha gente que no la pasará como yo, y hablo de los nuevos héroes que surgirán, seguramente el vato que me traiga mi pizza favorita merecerá un abrazo y toda la buen vibra de mi parte, pero estará bien si le doy una buena propina, y aún quedo lejos de lo que yo deseo para todos. Nos tocó esta mierda situación y tendremos que afrontarla.

Ya lo veía venir, el sueño de todos nosotros volviéndose realidad, trabajar desde casa, echándote una bien fría si así lo deseas y ni quién te diga nada, mientras escuchas el nuevo álbum de Pearl Jam ¡de poca madre!

­–Trabajaremos de 8 a 2 desde casa, señores, no hace falta decirlo, pero sean responsables en ello. Por sus pagos quincenales no se preocupen, estarán en tiempo y forma.

Me reconforta escuchar a mi jefe decir eso último. Ninguno de nosotros se despide de apretón de manos, ni de beso, desde este momento comienza una nueva etapa en nuestras vidas, sin besos, sin abrazos, una etapa que será recordada como la Jornada Nacional de Sana Distancia, mejor conocida como Susana Distancia.

Dos de la tarde, el calor tabasqueño en esta temporada es desquiciante, tengo que tomar todas las medidas necesarias para poder estar más a gusto en casa, no es que no lo disfrute por sí solo, pero hay que hacer la experiencia lo más leve posible, así que ya en el auto, realizo una lista de las cosas que habré de comprar, tomando en cuenta que serán dos semanas de confinamiento, en donde por supuesto, va incluida una buena dotación de cervezas. Y es cuando pienso en mis padres. Antes de ir por las cosas, paso a verlos. Después de almorzar con ellos, hablamos de la cuarentena que se viene, de lo inusitado de todo esto, mi padre cree en el virus, cree que detrás de todo esto están los Rothschild y los maldice una vez más. Mi madre cree que hay que extremar cuidados y estar en oración continua. Yo creo que, bueno, yo creo estar dentro de una película apocalíptica, donde ni Superman, ni el Profesor X, encontrarán ninguna solución, donde el imperio nos quedará mal.

Como buen hijo, les surto su despensa para dos semanas, esperando, de verdad, no tener que venir antes de ese lapso. Al llegar a casa, guardo las cosas inmediatamente y me destapo la primera, sintonizo el Spotify. Un sonido de batería me remonta a la música electrónica de los ochentas, un sonido de bajo comienza a retacar profundamente, un sonido de teclado, que al igual que la batería, me vuelve una vez más a lo electrónico, empieza a sonar en el espacio: Dance of the Clairboyants.