Espacio dedicado a la difusión de la narrativa

Cuento tradicional

El pollo aliñado

Historia para leerse en voz alta.

Amira Rosas

El Patiño era un famoso gallo bien entrenado que ganaba sin problemas todas las batallas, gracias a su tenacidad y a las navajas artesanales que su dueño, don Vicente, había hecho especialmente para él, las cuales no se desgastaban sin importar el número de gallos a quienes hería en las constantes peleas. 

Su fama se extendía por las pequeñas galleras destinadas a ésta actividad. Hombres y mujeres apostaban por su victoria, sin ser decepcionados. De varios pueblos aledaños acudían retadores para arrebatarle el título de campeón, jamás lo lograron.

Su sueño era el de vivir como un verdadero gallo, en un gallinero rodeado de un centenar de gallinas.


Cuando El Patiño entraba a la gallera inflando su pecho y hacia lucir su hermoso plumaje rojizo, el público estallaba en gritos y aplausos de júbilo. Había en él, un aire de superioridad, aunque en sus ojos se podría notar que el ave no era feliz. Algo más le faltaba, los combates eran la supervivencia, pero eso no le gustaba en realidad. Quería dejar las peleas. Su sueño era el de vivir como un verdadero gallo, en un gallinero rodeado de un centenar de gallinas. Las atendería con amor y las defendería con su vida. Aunque era sólo un sueño, pues sabía que su dueño no lo liberaría. A pesar de esto, el gallo le tenía aprecio a don Vicente porque lo salvó de terminar hecho caldo y le brindó diversos cuidados. Pero, a estas alturas de su vida, la deuda ya estaba saldada pensaba El Patiño, pues había ayudado a su dueño a ganar bastante dinero.

Así, decidió escapar. No sabía cómo. Estaría atento a cualquier oportunidad. Una tarde después de una batalla don Vicente triunfador parrandeó hasta la madrugada. Llegó a su casa, encerró al animal en su jaula y cayó dormido por el cansancio, sin darse cuenta que le había dejado las navajas puestas.

Mientras su amo dormía, El Patiño serruchó la jaula de madera, poco a poco logró hacer una abertura, esta resultó demasiada estrecha para pasar. Pensó qué hacer, estaba tan cerca de escapar. Entonces se dio cuenta: ¡Sus plumas le estorbaban! 

Trazo: Juan Antonio Ruiz de la Cruz @swordlander / Color: Mariana Ruiz Pérez @marianruizp

Dudó varios minutos sobre lo que había pensado. No era una decisión fácil, porque era un gallo orgulloso de sí. Además, en su naturaleza las plumas son un estatus, lo protegen de las inclemencias del tiempo, las usa para intimidar a sus oponentes y lo hacen atractivo para las gallinas.

Quería salir de ahí. No tenía otra opción más que desprenderse de su bello plumaje. Se quitó una a una sus plumas. El dolor era tremendo pero sus ansias de libertad fueron más fuertes. Al terminar parecía como si lo hubieran aliñado. No se preocupó por eso, pasó a través de la rendija y echó a correr a la luz de la luna.

Al día siguiente, cuando don Vicente revisó la jaula dio un grito de sorpresa al no encontrar su preciado gallo. Al ver las plumas creyó que otro animal lo había matado, luego observó la madera cortada y la falta de sangre, dándose una idea de lo ocurrido.

El Patiño de tanto caminar, llegó a una granja pobre pero limpia. Las gallinas al verlo y a falta de un gallo se apiadaron de él dándole cobijo y alimento. Le contaron sobre la granja: se llamaba “Las Hortalizas”, su dueño era un anciano de nombre José.

El granjero se esmeraba en cuidar el lugar por ser su único medio de subsistencia. Eran felices, a pesar de estar en peligro porque un usurero, mediante engaños, le hizo adquirir una pequeña deuda que poco a poco fue creciendo, hasta estar a punto de perder la granja.

En ese momento se escuchó un ruido, era don José, llegaba a dar de comer a las gallinas, le sorprendió ver un pollo aliñado, cómodamente instalado en el gallinero. Pensó en guisarlo para la cena, hasta ver las navajas en las patas. El Patiño adivinó sus pensamientos, se levantó con un porte altivo y dio muestra de sus habilidades.

El viejito no podía creer que ese pollo pellejudo fuese un gallo de pelea, pero las navajas y movimientos exhibidos por el animal daban a entender lo contrario. Entonces se le ocurrió una idea.

Ese día el usurero llegó a dar un ultimátum al campesino. Como éste sabía de la pasión por las peleas de gallos del tipo, le propuso apostar la deuda contra su granja en un combate. El recaudador estaba sorprendido, buscó alguna trampa en la propuesta. Solicitó ver al contendiente y el anciano le mostró al pollo aliñado. Cuando lo vio, echó a reír preguntándole si ya tenía demencia senil.

El viejito no podía creer que ese pollo pellejudo fuese un gallo de pelea, pero las navajas y movimientos exhibidos por el animal daban a entender lo contrario. Entonces se le ocurrió una idea.

Don José respondió: Ninguna demencia, es confianza en mi gallo. Agregó también que si tenía miedo lo invitaba a pasar al gallinero y acompañar a sus gallinas. 

El prestamista molesto, aceptó el trato citándolo esa misma noche en el ruedo del pueblo para enfrentarlo a su mejor gallo. Añadió que prefería la presencia de un público que atestiguara todo, no fueran a creer en el pueblo que hacía trampa, y la transacción de la granja se hiciera legalmente según la apuesta. 

La noticia voló por todos los rincones del lugar. Al caer la noche la gallera estaba abarrotada. Llegaron los contendientes. El retador se llamaba El Asesino y había estado de gira por el país, por eso El Patiño no lo conocía aunque había escuchado hablar de él.

La apuesta se hizo pública, todos estaban expectantes, apoyaban al pollo aliñado porque el cobrador no era una figura popular. Sentían lástima por el agricultor, consideraban imposible el triunfo de su gallo. 

Inició la contienda, El Asesino arremetió contra su contrincante con violencia, si no lo esquiva lo hubiese matado. El Patiño se dio cuenta que era de cuidado. Esquivó los ataques, trató de medir a su rival. En una voltereta no tuvo tanta suerte y un picotazo lo dejó tuerto.

Mientras le escurría la sangre, El Patiño recordó lo cercano que estaba a su sueño de un gallinero. Armándose de valor se lanzó contra su contrincante. El Asesino se preparaba para la embestida. Su sorpresa fue mayúscula porque en el último momento, el aliñado saltó y le rasgó el ojo derecho. Quedó herido y aturdido.

El Patiño aprovechó esta situación para herirle el otro ojo, dejándolo ciego. El Asesino revoloteaba tratando de limpiarse la sangre, como si con eso recuperara la visión. El Patiño asestó su embestida final, fue fuerte y contundente el golpe, el rival no volvió a levantarse.

El Patiño aprovechó esta situación para herirle el otro ojo, dejándolo ciego. El Asesino revoloteaba tratando de limpiarse la sangre, como si con eso recuperara la visión. El Patiño asestó su embestida final, fue fuerte y contundente el golpe, el rival no volvió a levantarse.

Los presentes vitorearon al vencedor, el usurero perplejo contempló a su animal tirado, apenas respiraba. Se quedó sin voz cuando el anciano le pidió el recibo de la deuda. Lo entregó y se retiró del lugar.

El anciano fue felicitado por todos sus amigos. Se celebró una fiesta en honor del Pollo Aliñado, así le apodaron de cariño al gallo. Al terminar el festejo, don José tomó a su gallo y se retiró a su granja. Las gallinas estaban felices y atendieron a su salvador con esmero.

Al día siguiente, don Vicente se presentó en la granja. Le habían contado sobre un Pollo Aliñado, quien había dado una paliza a un gallo de pelea. Por lo tanto, sospechó sobre el gallo de tal hazaña. Se asomó a escondidas al gallinero. Vio al Pollo Aliñado sin reconocerlo, hasta ver las navajas. En ese momento estuvo seguro de que era su gallo. Pensó en reclamarlo pero al ver a las gallinas cacarear a su alrededor, mientras ensanchaba el pecho y aleteaba sin plumas, se detuvo. Nunca lo había visto tan feliz y pensó que ya era tiempo de que ese gallo se jubilara y tuviera su gallinero. Se lo había ganado.

Anterior

Metaficción contemporánea

7 comentarios

  1. Sophie

    Buenísima la historia

  2. Luis A. Rodriguez

    Excelente cuento amiguita te pongo 10
    Está super, lo tendrás impreso en libro .
    Sigue escribiendo queremos más escritores tabasqueños… Saludos.

    • Luis Acopa

      Muchas gracias por comentar.

    • Amira Rosas

      Hola Luis, muchas gracias por tus palabras. Si lo tengo impreso en libro, en una antología que estoy distribuyendo. Por si estás interesado, no dudes en contactarme en mis redes @amiriatoliterario en Facebook

  3. Amira Rosas

    Hola Luis A. Rodriguez, muchas gracias por tus palabras. Si lo tengo impreso en libro, en una antología que estoy distribuyendo. Por si estás interesado, no dudes en contactarme en mis redes @amiriatoliterario en Facebook

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Funciona con WordPress & Tema de Anders Norén