Érase una vez un cuento en línea

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Cuento nietista

Ella te mira desde su escondite…

Fernando Nieto Cadena

Este texto es un fragmento de la novela inédita “Bulevar Manigua”, del escritor Fernando Nieto Cadena, nacido fuera de Tabasco pero que sin buscarlo, incluso quizás sin desearlo per se, es parte de la tradición literaria en Tabasco, tanto por su quehacer poético como narrativo. Por razones editoriales y de mejor lectura en la web, he alterado los puntos y seguidos del texto original, que en su versión impresa es de un solo párrafo.

I

Ella te mira desde su escondite tras las persianas, cuando su cuñado con los tragos de rigor se debate con la guitarra para serenatear por el día de las madres a su suegra de entonces. Oye las interminables discusiones sobre arte, cultura, la realidad nacional con las que los pomos pasan de mano en mano ya hartos de vasos y buenos modales. Ella desde el bunker de sus doce años permanece en espera de tus palabras porque, te lo dijo siete años después, iba perfilando lo que sería al crecer. Han pasado otros siete años y sigues recordando lo que te dijo hoy que la tienes a tu lado, en ese rincón de tu cama que también lo es de tu alma para no encontrarte solo y te parece mentira que no lo estés y te levantas y vas al baño para la primera ablución, recapacitas en la palabra que aunque no venga bien al caso y aunque sí, la usas cada mañana para resumir tu primera visita al Niagara Falls Water Closed y te reconvienes, como siempre, tanto ruido barroco para cagar aguado, light.

Hoy que la tienes a tu lado, en ese rincón de tu cama que también lo es de tu alma

Ella te mira desde sus quince años cuando te despides porque te cambian de taller. Son los últimos brindis en la capital mundial del calzado y la divina salsa para empujarte los pasitos rechéveres de tu afrocaribeñidad nunca desmentida. Ella te dice que si bailas con ella este danzón, pero me enseñas, y qué remedio le dices. Pero nos vamos de cachetito para no perderme le aclaras. Ese danzón fue un bolerazo que hizo historia porque te dejó el recuerdo de sus florecientes senos que entre ingenuos y osados se te restregaban y tú sin saber qué nota pana, qué onda con esta chavita que se te da y no pero quién sabe si sólo es su estilo de bailar un danzón abolerado para que su mami no sé dé cuenta que lleva tiempo con la danza contemporánea y sus pininos teatrales.

Ella buscaba en las carteleras de la Casa de la Cultura los anuncios de las presentaciones de libros, conferencias, lectura por si tu nombre aparece. Y un día apareció y estuvo con su novio. Después de la lectura te acompañan a cenar y te cuentan de su grupo, del trabajo que están haciendo con títeres, marionetas y narrativa oral para reelaborar mitos prehispánicos y continuarse hasta la época actual. Ella insiste en que si se dedicó al teatro fue por esas charlas en la casa de su mamá cuando ibas con su excuñado a tomarse los primeros tragos de la noche antes de salir hacia los que llamas centros culturales nocturnos. Ella escucha todo lo que discuten mientras su futuro aún sin horizonte moldea su vocación. Con nerviosismo la liberas de la sábana y ves su cuerpo, trigo quemado al sol, qué cursi pero es cierto y le besas los hombros reteniendo sus senos con la punta de tus dedos mientras bajas por su espalda y te instalas en el nacimiento de sus nalgas y una de tus manos bajas hacia el ombligo, juegas un rato y bajas hasta la creciente humedad de su vagina que se abre al tiempo que se despereza y te pide que subas para el beso primero y subes sin soltar su pecho ni su sexo y te acomodas entre sus piernas en un leve y apremiante serrucho para sostener el beso largo con esgrima de lenguas, tu pecho sobre su espalda, se ladean para que las caricias sean más intensas. Ella se aferra a tu erección y baja y subes sus manos colocándose en posición de ataque reculativo que es como más le gusta, te lo ha dicho y te lo sugiere y tú entiendes el reclamo y haces como que no pero la sorprendes y entras y sales y empieza a gemir como si llorara, le preguntas si está llorando, te dice que no que está gozando y tú con la confianza de no lacerarla entras de lleno y como en las viejas rumbas de siempre te sacudes para agonizar mientras tus dedos son apretados por su coño y ella respinga el culo para que la penetres más y la levantas sin salirte para permanecer arrodillados y le besas la nuca y mordisqueas su oreja derecha y pasas a la izquierda y te busca para otro beso de lengua y tus manos se reparten pezones y labios vaginales. Ella te mira. Te cuenta otra vez por qué se dedicó al teatro, lo mucho que le ayudaste al hablar con su mamá para decirle que no obstaculice sus inicios y cómo casi se hizo del grupo porque les cose el vestuario y les prepara todo lo que necesitan para la escenografía con su habilidad artesanal, Te pregunta si volverán a verse, que cuando vayas a México le hables para empezar otra vez esta breve historia de encuentros y desencuentros. Que sí le dices, que ojalá pudieran ser más seguidos estos acuestes y recuestes. Ella se ríe. Te besa. Debo irme., Se va. Ella te mira desde las persianas de la puerta que separan la sala del comedor, desde su escondite de doce años. Ella te mira y recuerdas por qué hace teatro. Afuera Bronco norteñiza el tango yo la quise muchachos y la quiero/ y jamás yo la podré olvidar.

Tomada de García Ruiz, Teodosio (coordinador). Eroticom plus. Narradores tabasqueños de fin de siglo. Erotismo y pornografía. Villahermosa, Tabasco. 2000

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  1. Manuel Tamez

    Eroticom Plus, todo un clásico, honrado por el maestro Nieto.

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