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Un cuento histórico

  La cabeza de Sentmanat

Justo Cecilio Santa Anna

En aras de una lectura fluida, hemos adaptado la historia, permitiéndonos variar la puntuación de la versión donde tomamos el trabajo, suprimimos algunos juicios autorales, para darle mayor énfasis al cuento, que sin proponérselo “per se” estaba escribiendo nuestro autor.

Nadie ha olvidado cómo y en qué circunstancia vino Sentmanat a las playas tabasqueñas enrolado en la expedición que condujeron los caudillos federalistas, el general Juan Pablo Anaya y el inspector de milicias cívicas Fernando Nicolás Maldonado, en el memorable año de 1840.

Sentmanat se mezcló desde esa época hasta su trágica muerte en los asuntos políticos del estado.

Fue así, que a fuerza de audacia, encabezando chusmas indisciplinadas, logró vencer al gobernador y comandante militar José Ignacio Gutiérrez, a pesar de contar éste con tropa veterana bien pertrechada, imponiéndole una capitulación que tiene pocos antecedentes en los anales de nuestras luchas fratricidas.

Perdura también en nuestros recuerdos la serie no interrumpida de intrigas y desavenencias que mantuvieron en agitación constante nuestros abuelos, a raíz de la victoria de los federalistas, y a los sucesos que dio origen la inquietud y la ambición de Sentmanat, que en todo asunto público pretendía preponderar e imponer su voluntad. Causa y motivo fue esto de que sucesivamente fueran abandonando el gobierno los Ruíz de la Peña, Requena y Jiménez, hombres de carácter entero y de honorabilidad acreditada, que no quisieron doblegarse ante el capricho tiránico del aventurero que, fiado de la fuerza de las armas, se había declarado amo y señor de nuestros destinos.

Logro más tarde ese caudillo que le fuera reconocido por el gobierno nacional el grado de coronel, habiendo obtenido a la vez, los cargos de gobernador y comandante militar. Mas tiempo después el general Pedro de Ampudia, al frente de las tropas veteranas que regresaban de la desafortunada expedición, mandada por el gobierno mexicano sobre Yucatán, a la sazón substraída a su obediencia, tomó por asalto la capital de Tabasco, el 11 de junio de 1843, haciendo huir, después de dos horas de reñido combate, a Sentmanat y sus secuaces.

No pudo resignarse éste a la perdida del poder que tornó a nuestro suelo con una expedición formada por gente maleante que engancho en New Orleans, desembarcando cerca de la Barra de Chiltepec, el 9 de julio de 1844, burlando la vigilancia de los buques cruceros de guerra.

El 10 de junio el entusiasmo no tuvo recompensa y derrotado Sentmanat en un lugar llamado arroyo “Ahoga-gatos”, por el capitán de caballería Clemente Castro, sus hombres se dispersaron formando pequeños grupos, algunos de los cuales fueron aprendidos y otros se presentaron a las autoridades rindiéndose de discreción voluntaria.

El último en caer fue Francisco Sentmanat, capturado el 14 de junio. Fue conducido a Jalapa, en cuyas cercanías ocurrió la captura, fue ejecutado sumariamente en la plaza de dicha población, el mismo día frente a la casa parroquial por orden del general Ampudia.

Aseguran, némine discrepante, los que presenciaron la ejecución que Sentmanat demostró en todo la mayor entereza y sangre fría, confirmando la fama de valiente y esforzado que siempre disfrutó.

Conducido el cadáver del infortunado aventurero a San Juan Bautista, fue decapitado y frita la cabeza en aceite, por orden del general Ampudia, según declaración de sus subordinados. Aunque corrieron distintas versiones de los hechos ocurridos, en su mayor parte contradictorias.

Según otra versión, el promotor de todo lo ocurrido fue el prefecto y político de la capital del Estado, el señor Calixto Díaz, del cual se dijo que cuando estaba la cabeza de Sentmanat dentro del caldero, movía el aceite con una paleta de madera y gritaba a voz en cuello: “¡Vivan los chicharrones!” Esta versión indudablemente es falsa, acaso propalada por los enemigos políticos del señor Díaz, cuando éste, algún tiempo después, pretendió lanzar su candidatura a gobernador.

Lo que parece cierto, es que la orden de mutilar el cadáver del cabecilla filibustero partió del mismo general Ampudia, y dado a su carácter violento ninguno de los subordinados sumisamente y sin chistar cumplieron la orden.

En nuestra niñez escuchamos de labios de personajes que figuran más o menos directamente en los sucesos, parece que el mismo general Ampudia, si bien había ordenado que se cercenara la cabeza a Sentmanat lo mismo que a sus veintiocho compañeros de aventura con el objeto de que, encerradas en jaulas, fueran colocadas a las márgenes del río Grijalva; y no mandó que la de Sentmanat fuera frita en aceite. Lo que ocurrió fue que, habiéndose consultado la manera de evitar la pronta descomposición, el Dr. Simón Sarlat, aconsejo se cauterizaran las venas y las arterias, por medio del aceite hirviente y, al efectuarse la operación, un presidiario que sostenía la cabeza por los cabellos la soltó al recibir, en la mano con que la sujetaba, una salpicadura de aceite, cayendo aquélla en el fondo del caldero, del que no pudo ser extraída prontamente.

Sea como fuere, aquel macabro despojo del infortunado filibustero, fue encerrado en una jaula, según unos colocada en un madero, según otros expuesta en el ángulo sureste de la antigua casa de gobierno, a la sazón ya en ruinas, que existía construida en piedra sin labrar, en la esquino suroeste de la Plaza de Armas de Villahermosa y allí permaneció por mucho tiempo, siendo el espanto de los transeúntes, sobre todo, de los trasnochadores obligados a transitar por aquel sitio.

Tomado de Santa Anna, Justo Cecilio. Tradiciones y leyendas tabasqueñas. Clásicos tabasqueños. Biblioteca universitaria de lectura popular. UJAT. 2001

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2 Comentarios

  1. Manuel Tamez

    Tres detalles a revisar:
    La fecha de desembarco de Sentmanat es “9 de julio de 1844”, pero los hechos siguientes suceden en el mes de junio. Supongo que hay un error en alguna parte.

    La frase que sigue no concuerda con la historia.
    “…y dado a su carácter violento ninguno de los subordinados sumisamente y sin chistar cumplieron la orden.”

    Falta una tilde:
    “…y no mando que la de Sentmanat fuera frita en aceite. “

    • Luis Acopa

      Gracias, ya tomé nota de los que si podemos modificar, lo otro es parte del texto original.

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