Luis Acopa

Muchos años después de que Diego Roque López Pacheco Cabrera y Bobadilla, duque de Escalona, marqués de Villena, X conde de san Esteban de Gormaz y Virrey de la Nueva España y de Navarra, ordenara el traslado de las autoridades de Santa María de la Victoria al recién nombrado cabildo de San Juan de Villahermosa el 6 de junio de 1641, el presbítero Manuel Gil y Sáenz al igual que el médico Diógenes López Reyes, ambos amantes de la historia, habrían de recordar aquella tarde remota de 1564 en la que el doctor Diego de Quijada, alcalde mayor de Yucatán, Cozumel y Tabasco trazara con la ayuda de una rama entre el fango, formado por las lluvias pasadas, el dibujo de un pueblo con algunas calles, solares y tierras para el uso de animales domésticos de autoconsumo. San Juan de Villahermosa era entonces un caserío, que algunas veces estaba conformado de seto y huano, otras de palma y jahuacte, y las menos de palo de tinto amarrado con bejuco. El material de las construcciones –abusando de la amplitud del concepto– era propicio para evitar los calores extremos ya que también se elevaba a cierta distancia del suelo anegadizo. Los habitantes eran un puñado de pobres sin oro ni plata, de vida azarosa y asedio constante de piratas. Sitiados por la miseria que no discriminaba lo mismo a originarios que a descendientes ibéricos que se confundían entre los primeros. La idea de establecerse en este sitio pudo estar motivada por la cercanía con el agua. Otros pensaban que tal asentamiento se debió a la búsqueda de un pasado estacionario que confluyó con el deseo legítimo de perpetuarse como los primeros pobladores de un lugar. Hay quienes no creen ni lo uno ni lo otro, y fantaseaban pensando que la habilidad de aquellos pobladores, los hizo razonar en lo pródigo de la tierra, la cual también por su ubicación geográfica era una zona estratégica de paso, en la que convergen caminos e intensiones de futuros destinos, a eso se sumó el muy humano interés de sólo estar una temporada para después emprender el camino; pero sabido es que de humanos también es crear apegos y costumbres, enraizar los ojos en el exuberante paisaje, encañar afectos con quienes nos rodean e ir posponiendo la partida hasta darse cuenta que lo mejor es quedarse, soñando con algún día –el cual nunca estará en el calendario– por fin se emprenderá el destino pospuesto. Después de un período de adaptación comenzaron a tratar de prosperar, sembrando cacao por aquí, cazando animales por allá y maravillándose con las bondades de la fertilidad tropical, pero como bien se sabe, la vida no es como la ficción o esas novelas de escritores sudamericanos, donde el destino está escrito como una condena que se recicla para la eternidad. La vida, como bien se sabe es agreste y salvaje por ello todo intento de progreso venía aparejado con una nueva calamidad. Así conocieron a los corsarios ingleses, y poco después a los holandeses. Quienes destruían y quemaban todo a su paso. Mataban a los hombres, se llevaban a los niños y abusaban de las mujeres. Los pocos pobladores que quedaban, diezmados se iban a otro lugar, previniendo un nuevo ataque. Pero nadie escarmienta en cabeza ajena, y después de un tiempo no faltaba el que pedía que se regresase, que era mejor el sitio de donde habían salido, el cual por fuerza de recuerdos ya era su casa, y exponían las ventajas y creían que su mala suerte no sería tanta, confiados, volvían otra vez. Así 77 años pasaron hasta que en el imaginario colectivo que ronda el sexto mes del año del camaleónico pueblo que a veces se nombraba Carmona, otras Santa María de la Victoria y algunas más San Juan de Villahermosa, que va del 6 al 24 de junio, se entrelazaron los antecedentes culturales e históricos fundacionales, y como dijera el poeta que se cansó de poetizar la ciudad sin que nadie lo viera –y mucho menos, leyeran–, esto más que historia es un pasaje del realismo mágico, que en estas tierras de hombres tenaces y porfiados puede ser clasificado como una estampa del costumbrismo tropical.

Algunas fuentes sobre la fundación de Villahermosa

Hasta hace unos años, muchos amantes de la historia, señalaban la posible fundación de San Juan Bautista el 24 de junio de 1596, puesto que uno de los padres de la historia en Tabasco, como lo fue Manuel Gil y Sáez lo escribió, y esto se fue replicando como una cita textual, hasta tener afirmaciones tales como “por haber informado las Autoridades de entonces que los pobladores se habían establecido junto a un rancho indígena de pescadores que era una villa muy hermosa, el Monarca español autorizó el traslado, enviando a Santa María de la Victoria un escudo de armas que ahora se ostenta como el de Tabasco, dándole el Título de Villa Hermosa de San Juan Bautista” (Humberto Muñoz Ortiz, Biografía de una ciudad. 1975).

Con un afán acopioso Geney Torruco Saravia en su primer tomo de “Villahermosa: Nuestra Ciudad” consignó lo referido por Diógenes López Reyes en su Historia de Tabasco (1980), de esta manera “A fines de enero de 1564, llega a Tabasco, en su calidad de alcalde mayor de Yucatán, Cozumel y Tabasco, Diego de Quijada, quien con fecha 10 de febrero de 1565 le informa al rey de España: “El tiempo que allí estuve conocí que algunos españoles casados o solteros andaban vagabundos con mujeres e hijos a cuestas y con su pobreza vivían entre los naturales. Héles (sic) mandado a recoger en un muy buen asiento: que está a veinte leguas de la Villa de la Victoria en el mismo río Grijalva, junto a la ribera de este río y allí tracé el pueblo y di solares y títulos de estancia y tierra para sus granjerías. Habiendo llegando hasta una docena de vecinos… Intitulé la Villa de Carmona porque tiene una vega que parece a la de Carmona (…) Y en ella hay mucha caza de venados y conejos y patos grandes y otros géneros de caza y en el río y en la laguna que tiene cerca (La Pólvora, seguramente – acota Geney-) mucha cantidad de pescado y buenas aguas y mucha leña. Entiendo tengo que este pueblo irá de cada día en aumento y permanecerá por él aquella provincia.” (Torruco Saravia, Geney (1987). Villahermosa: Nuestra Ciudad I. Editorial del Ayuntamiento Constitucional del Municipio del Centro. Pp. 29-30).

Dado el interés de nuevos investigadores con formación académica, se ha llegado a sustentar como lo hace la antropóloga Flora Salazar Ledesma que Diego de Quijada, quien fuera alcalde mayor de Yucatán, dijo al rey: «durante su visita a Tabasco en vísperas de Corpus Christi de 1564 había fundado, trazado y repartido solares y estancias en un “muy buen asiento”, veinte leguas de la villa de la Victoria sobre el río Grijalva, y que lo había llamado Villa Carmona» (Salazar Ledesma, Flora. (2002) Ubicación cartográfica de Villahermosa en 1579. Boletín Oficial del INAH. Antropología. Núm. 66, abril-junio. Pp. 32-40). 

A su vez, la Dra. Ana Luisa Izquierdo y de la Cueva, después de analizar fuentes de primera mano, palografeando documentos y revisando la bibliografía existente, concluye que “la fundación legal de Villahermosa el 6 de junio de 1641 y el mandato del virrey Diego Fernández de Córdova Marqués de Guadalcazar, hecho vigente por el virrey Diego López Pacheco Marqués de Villena, como el documento que hizo a San Juan Bautista entrar a la estructura legal del gobierno colonial español.” (Izquierdo y de la Cueva, Ana Luisa. (2005). “Historia de dos fundaciones: Santa María de la Victoria y San Juan Bautista de Villahermosa”. En el libro Tabasco: antiguas letras, nuevas voces. Mario Humberto Ruz (coordinador) UNAM; pp 91-111).

El maestro Ricardo De la Peña Marshall refiere que el traslado de los poderes de Santa María de la Victoria se hace efectivo hasta el 24 de junio de 1641, ya que “En 1557 empezaron los ataques a la costa de Tabasco y Yucatán, pero hasta 1597 es destruida en su totalidad la Villa de Santa María de la Victoria. Desde ese momento y hasta 1641 se constituyeron para sus habitantes en una verdadera pesadilla, ya que arrasaban con las plantaciones, las mujeres y los niños que vendían en los diferentes puertos de las Antillas; a los hombres regularmente los mataban. De ahí viene la costumbre de que los hombres fueran al mercado al despuntar el día y no las mujeres, que se quedan en la relativa seguridad del hogar.” (Ricardo Peña Marshall (2011). Historia Mínima de Villahermosa. Ayuntamiento de Centro).

Con este marco referencial lo que se puede inferir es que desde 1564 tenemos conocimiento de habitantes en lo que fuera Santa María de la Victoria, donde hubo un primer trazado de calles, pero no es sino hasta 1641 que se establece con una consecuencia legal, la cual se aprueba por el virrey hasta el 6 de junio de ese año, haciéndose efectiva el 24 de junio, según se refiere líneas arriba. Así que la ciudad de San Juan de Villahermosa quedó legalmente constituida con la fecha del 6 de junio de 1641, por lo que sería lógico que el aniversario de la misma se conmemorase del 6 al 24 de junio, acudiendo a las razones históricas y culturales que son parte ya de la tradición de esta ciudad.

Sin duda lo transcendente de estos tiempos coyunturales es que se pueden establecer reinterpretaciones que demuestran lo viva que es la ciencia histórica y que en ella nunca hay palabra finita ni escrita en piedra, ya que como se sabe, el pasado siempre debe estar en continua revisión para poder entender el presente y tener esperanza de un mejor futuro.

Un fragmento de este texto aparece publicado en el Diario Presente, del 24 de junio de 2021.