Manuel Felipe

Aquí estoy otra vez, esperando el concierto de piano. Desde que comenzaron las lluvias, hace cuatro días, puntualmente, a las 7 de la noche, se oyen los primeros acordes, sobre todo cuando la lluvia da una pequeña tregua, entonces el silencio de las calles se interrumpe, dejando que las armonías viajen con el húmedo viento, y a pesar de la nostalgia que provoca la escena musical, si no fuese por el encierro, sencillamente, no existiría ese encantamiento.

La primera vez que ocurrió, la lluvia llegó acompañada de truenos y relámpagos, hasta dejar sin luz a toda la cuadra y sus alrededores. Casi siempre ocurre, que una vez que la luz se va, la lluvia tranquiliza su fuerza. Esa fue la primera vez que se dejaron escuchar las notas de una pieza que desconozco y solo bastó quedarme junto a la ventana que da a la calle y centrar mi atención en lo que el parón de humanidad permitía que existiera. Esa misma noche, antes de que dejaran de tocar el piano, la luz volvió, y con ello supe de dónde venía la música, justo frente a mi casa, una niña, de unos 12 años, dejaba de tocar y con cierto aire de satisfacción, se asomó a la ventana, la coincidencia quiso que me descubriera mirándola, admito que sentí cierta vergüenza al notar su mirada, pero una reacción oportuna de mi parte, hizo que la vergüenza se convirtiera en silenciosos aplausos para la concertista, obteniendo con ello, una sonrisa, de esas que ya no se ven al recorrer las calles.

En el grupo whatsap no se hicieron esperar los comentarios. Yo también lo disfruté. Fue el mío.

La primera vez que ocurrió, la lluvia llegó acompañada de truenos y relámpagos, hasta dejar sin luz a toda la cuadra y sus alrededores. Casi siempre ocurre, que una vez que la luz se va, la lluvia tranquiliza su fuerza.

El meteorológico ha pronosticado más días de lluvias, comenta un compañero de trabajo en la reunión virtual que hemos tenido. Apuesto a que hoy también tendremos un concierto de piano. Por lo pronto, miro las noticias: algunos países ya empiezan a regresar paulatinamente a las calles. Las protestas y los disturbios por el asesinato de George Floyd, continúan. Messi afirma que la vida y el futbol nunca más serán lo mismo. Los Monarcas se van de Morelia a Mazatlán. Tabasco sigue en semáforo rojo y Villahermosa es el municipio con más contagios. En lo que voy a la cocina para servirme otra taza de café, recibo una llamada de mi padre.

–¿Escuchaste o viste el comunicado del inepto? –se que se refiere al gobernador, así le ha dicho a todos los gobernadores en turno, desde que tengo memoria. Y desde ese momento, sé que viene una retahíla de quejas e insultos a la administración en turno, nadie se salva de su ojo crítico; hasta que agota el tema y empieza con uno que es más estresante, la pandemia y todo el entramado que está detrás de ello. Desde hace casi tres meses, sus charlas, en mayor medida, se concentran en ello. Yo me limito a escuchar, sin importar si estamos de acuerdo en algún punto, pues darle la razón, sería hacer su monólogo más largo de lo que realmente deseo. Al final, le pido que me comunique con mamá, y con ello, me entero de la realidad más cercana a nosotros, la situación en casa.

Y como es común en días lluviosos y con la extraordinaria situación de estar sin qué hacer en casa a las 3 de la tarde, me encierro en mi habitación, me tomo un tecito de mi hierba favorita y de a poco me voy quedando dormido. A lo lejos, se oye una ambulancia más, mis oídos empiezan a acostumbrarse a ese ruido demencial de las sirenas, pero no le doy importancia, mis párpados terminan por caer. Al despertar, aún es de día y llueve a cántaros, lo primero que hago es buscar mi celular para ver la hora, se ha descargado. Voy a la cocina, el reloj circular marca las seis con cincuenta. ¡Uff! Justo a tiempo para el concierto. Preparo un poco de café y pongo el celular a cargar. Me tiro en el piso de la habitación y espero paciente a que las primeras notas se dejen escuchar en la tarde lluviosa. Después de algunos minutos, la lluvia persiste, pero las notas aún no aparecen. Una sensación de molestia y decepción, me invade. Voy por mi celular, noto que el grupo “Confinados” estuvo bastante activo y me preparo para ver cadenas, stickers y videos, la mayoría, con la intención de hacernos más leve el encierro casi obligatorio. Sin embargo, no es así, poco a poco me voy enterando de que hoy no habrá ningún concierto de piano en la cuadra, que no habrá más conciertos de piano, que las sirenas que yo escuché antes de caer en un sueño reparador, se han llevado la música, se han llevado a la pequeña de doce años.