Érase una vez un cuento en línea

Espacio dedicado a la difusión del género cuento

Categoría: Cuentos del siglo XIX

Cuento gótico en Tabasco

El torno del Diablo

Justo Cecilio Santa Anna

Ésta breve narración, es el antecedente del cuento gótico en Tabasco. Para una lectura más fluida hemos alterado la puntuación, respetando los arcaísmo.

No todo era vida y dulzura en los viejos tiempos, que si aliquando los moradores del cielo bajaban a la tierra y se metían en nuestras casas como Pedro por la suya, también los espíritus infernales solían dejar sus caldeados antros y pasar veranos y, hasta inviernos, entre los pacíficos moradores de las riberas del Grijalva, que por desgracia, éstas no sólo han producido nardos y flores, como dijo el poeta, sino hasta ciertas alimañas ponzoñosas y trasgos y dragones, más o menos informales.

Hay un paraje del famoso río que se acaba de mentar, conocido desde el siglo XVII, o acaso desde antes, con el nombre de Torno del Diablo, y a propósito del origen de este nombre, refiere la tradición lo que el que siguiera leyendo verá más adelante, con no poco entretenimiento.

Era fama que en el sitio o meandro del río, el Torno del Diablo se aparecía el mismísimo demonio durante las noches oscuras, haciendo visajes, chisporroteando como un torito de fuego de esos que hacen la delicia de los chicos en nuestras fiestas populares, echando lumbre por ojos y boca. Lo raro de todo aquello era que, cuando se armaban los vecinos de Villahermosa he iban, temblando como azogados, a espiar a aquel Demonio durante sus alardes pirotécnicos, el tal no aparecía por ningún lado, se evaporaba, se deshacía, como si se lo tragará la tierra o el mismísimo infierno, que es lo más probable.

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Un cuento histórico

  La cabeza de Sentmanat

Justo Cecilio Santa Anna

En aras de una lectura fluida, hemos adaptado la historia, permitiéndonos variar la puntuación de la versión donde tomamos el trabajo, suprimimos algunos juicios autorales, para darle mayor énfasis al cuento, que sin proponérselo “per se” estaba escribiendo nuestro autor.

Nadie ha olvidado cómo y en qué circunstancia vino Sentmanat a las playas tabasqueñas enrolado en la expedición que condujeron los caudillos federalistas, el general Juan Pablo Anaya y el inspector de milicias cívicas Fernando Nicolás Maldonado, en el memorable año de 1840.

Sentmanat se mezcló desde esa época hasta su trágica muerte en los asuntos políticos del estado.

Fue así, que a fuerza de audacia, encabezando chusmas indisciplinadas, logró vencer al gobernador y comandante militar José Ignacio Gutiérrez, a pesar de contar éste con tropa veterana bien pertrechada, imponiéndole una capitulación que tiene pocos antecedentes en los anales de nuestras luchas fratricidas.

Perdura también en nuestros recuerdos la serie no interrumpida de intrigas y desavenencias que mantuvieron en agitación constante nuestros abuelos, a raíz de la victoria de los federalistas, y a los sucesos que dio origen la inquietud y la ambición de Sentmanat, que en todo asunto público pretendía preponderar e imponer su voluntad. Causa y motivo fue esto de que sucesivamente fueran abandonando el gobierno los Ruíz de la Peña, Requena y Jiménez, hombres de carácter entero y de honorabilidad acreditada, que no quisieron doblegarse ante el capricho tiránico del aventurero que, fiado de la fuerza de las armas, se había declarado amo y señor de nuestros destinos.

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La primera mujer cuentista en Tabasco

Tres Marías

Primera cuentista en Tabasco

Teutila Correa Zapata

Aquí tenemos a la primera mujer que escribió cuento en Tabasco. Historias lineales de corte realista que reflejan las condiciones sociales de la época. 

Así: eran tres. ¿Cuál era la más bonita? Nadie podría decirlo. En sus mejillas lucía el tenue color de rosa de un amanecer de abril, y en sus ojos el brillo intenso y sereno de un cielo tropical. ¡Dieciocho años! ¿Qué más se necesitaba para ser bella y hermosa? ¡Ojalá y no se necesitara más para ser feliz también!

Salida apenas de la pubertad, la mujer conserva todavía sus gracias infantiles, que las curvas deliciosas de la juventud van esfumando poco a poco, para reinar en lo absoluto y mostrar el triunfo completo de un cuerpo escultural. ¿Y quién no advierte que la belleza femenina impresiona más que cualquiera otra belleza? ¿Qué pueden ser la gracia del pájaro, la hermosura de una flor, la suntuosa armonía del mismo cielo al despuntar la aurora y aparecer el sol, ante la belleza de la joven mujer? Nada, absolutamente nada, porque ella es pájaro, flor y sol al mismo tiempo.

La alegría del pájaro que canta volando de rama en rama, no cautiva tanto como la risa alegre de la mujer hermosa. La flor que se mece en el tallo movido por la brisa, no tiene la gracia que el cimbreante talle de la joven que al pasar nos cautiva sin saberlo. La luz del sol, esplendorosa como es, no se compara con esa luz de los bonitos ojos, en cuyas miradas creemos encontrar el misterio profundo de los cielos.

Pájaro inquieto, perfumada flor, sol esplendente, más que todo eso es la mujer más hermosa; y como el pájaro que a veces llora cantando, la flor que se muere esparciendo su aroma, y el sol que se envuelve en nubes borrascosas, ella también tiene sus quebrantos; la aureola de la juventud no significa aureola de felicidad, y con sus risas va mezclado el llanto.

Eran tres. ¿Cuál era la más bonita? Nadie podría decirlo. Amigas inseparables pasan alegres por las umbrosas calles de la alameda atrayendo la vista y arrancando suspiros de los jóvenes, que con mirada ansiosa siguen sus siluetas garbosas y arrogantes. Entre risas y cuchicheos se cuentan sus secretos, que sin duda alguna son secretos de amor.

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Manuel Sánchez Mármol el primer cuentista en Tabasco

Va de cuento

 

Escritor, maestro, periodista, abogado y político

Manuel Sánchez Mármol

El escritor de origen cunduacanense, fue el primero, según los registros, en cultivar el género cuentistico en Tabasco en 1861.

La geografía no sabe ya dónde quedaba aquel reino, sólo hace memoria de que su capital era muy bella, acostada a una montaña boscosa, a cuya falda se tendía un delicioso valle.

Sus anales los ha olvidado la historia, y únicamente recuerda lo que voy a referir.

El rey no era señor, sino padre de sus vasallos. Simple en la forma, pero en la ejecución complicado del programa de su gobierno, hace el bien de todos, fincaba sus afanes en promover la prosperidad del reino, como resultado del bienestar de los súbditos. Y el reino prosperaba asombrosamente.

La concordia moraba en él sin perturbaciones, y no era conocida la palabra justicia, porque nadie sufría daño de que quejarse.

Los reinos vecinos miraban con asombro a aquel país afortunado: a poco, el asombro degeneró en envidia, y la envidia se transformó en odio. Y juraron la ruina del reino que los insultaba con su prosperidad.

A falta de injuria, inventaron una mentida invasión de sus pacíficos rayanos, y coaligados, penetraron en son de guerra en el venturoso reino, estragando sus campos.

El rey prudente quiso detener con la razón tamaño desafuero, mas el odio no gusta de ser refrenado. Había irremisiblemente que guerrear.

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