Espacio dedicado a la difusión de la narrativa

Categoría: Cuento siglo XXI Página 1 de 2

Metaficción contemporánea

Yo soy Bandini

Fernando Abreu

Lector, a veces narrador, enemigo de poetas, polemista y alborotador. Sus opuestos le apodaron Dandi. 

“Yo quiero proponerle a usted un abrazo,

uno fuerte, duradero, hasta que todo nos duela.

Al final será mejor que me duela el cuerpo por quererle, 

y no que me duela el alma por extrañarle”.

Julio Cortázar

Un cuento posmoderno

CHOROTIZA RAVE 

Luis Gámez 

Foto: Alejandro Breck

Cuentísta, narrador, promotor entusiasta de proyectos alternativos en pro de la lectura.

El último «rave» fue un desmadre desorganizado, netamente desorganizado. Nada más faltaba que llegaran los de Corona Fest con toda la onda institucionalizada y fresa, ¡Qué mierda! Luego, el abasto de mercatambién perreado. Se anunció como piñata y llegó la mala vibra, es para no volverlos a ver. Mejor le hice caso al cara de flan del Neto, de ir a El Alacrán para invadir un terreno y hacer la party en la costa; así que pasé a buscarlo temprano con la intención de encontrar el lugar. Jalamos por la libre rumbo a Coatzacoalcos; llegamos a Sánchez Magallanes a las diez de la mañana y nos arrancamos al mentado poblado puesto a lo largo de la costa, con casas cada cinco o seis kilómetros entre palmas de coco y arena. Paramos a preguntar por el delegado en un negocio de pollos asados y los encargados soltaron muy comunicativos: «Se llama Lucio, vive atrás de esos cocales que están después de la escuela, por esa barda amarilla que se ve a lo lejos».

Un cuento con paisaje

Lágrimas de cocodrilo

Guadalupe Azuara Forcelledo

Escritora, bibliotecaria, maestra universitaria, formadora de escritores y promotora cultural.

Los grandes ojos color café del lagarto se asomaron una vez más a la superficie de la laguna. Cualquiera diría que se le alargaban por el agua, pero no: le salían fácil las lágrimas.

La laguna estaba en calma, el viento había cesado, y todo parecía indicar que ya no llovería más. Pichi, el lagarto, se sentía sólo, cuando era pequeño su curiosidad lo había llevado a perderse en el pantano donde vivía separándose de su familia, luego fue arrastrado por una corriente que lo internó aún más en las zonas profundas del popal. En ese lugar vivían pequeños peces y roedores de los que se alimentaba. Así pasó el tiempo y Pichi poco a poco creció. Pero se sentía solo. Era una sensación indefinible que le pesaba en el cuerpo, cuando el sol se acostaba por las tardes o cuando en el tiempo de nortes la lluvia lo bañaba por días y días. Y entonces se ponía a llorar.

Un cuento de amor

Mi amado amadísimo

Soledad Arellano

Escritora, correctora, maestra universitaria y una de las voces narrativas más audaz en la tradición cuentística de Tabasco.

Hoy es el día de mi boda y él no está. Sé que es inútil esperarlo; no va a llegar. Sólo puedo recibir las felicitaciones y simular que estoy contenta. Por fin la solterona de la familia se casa.

Nadie podía entender que yo fuera feliz sin pareja, pero era cierto: el trabajo, los amigos y, sobre todo, la compañía de él llenaban mi vida. Siempre nos llevamos muy bien, y si hubiera un culpable de lo sucedido tendría que ser yo, porque él siempre confió en mí. Al principio, quizás porque era la única que no lo trataba como a un niño, ni me reía de sus conflictos adolescentes o porque él sentía mi enorme cariño. No sé, pero se acostumbró a estar conmigo, a contarme sus cosas y pedirme opiniones.

A mí me halagaba cuando prefería mi compañía a la de las jovencitas de su edad o cuando comentaba que ninguno de mis –cada vez más escasos– pretendientes me merecía.

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