Manuel Felipe

¡Diablos, no hay café! Y con este terrible calor es una friega salir, sobre todo en un auto sin aire acondicionado. No tengo opción, así que veo el lado positivo del asunto: traer -además- unas bien frías.

Vaya desmadre el que veo en el súper, filas de personas con carritos repletos de papel higiénico. Pienso que podría deberse a esa nueva enfermedad de la que todos hablan, y que aquí en México ya cobró una víctima, y que, por cierto, tiene en suspenso a todo el deporte del mundo, lo cual deja para la otra, mi apuesta a Lakers por el campeonato. Mi curiosidad me incita a darme un recorrido por cada uno de los pasillos para ver qué otras exageraciones encuentro: alcohol, gel antibacterial, jabón líquido, toallas desinfectantes, desinfectante en aerosol. Nada queda. ¿Señorita, aún le quedan cubrebocas? Ya se nos agotó, me responde sonriente la encargada de la farmacia. Voy por mi café y esas infaltables cervezas, al pasar por el pasillo de comida enlatada, observo -un tanto contrariado- que no hay el más mínimo alboroto.

En el camino, me tomo una cerveza mientras escucho esa chingona canción de Tool, llamada Right in Two y pienso en por qué carajos esa gente no sé hizo de enlatados y cosas de ese tipo, ¿por qué tanto papel higiénico?, ¿por qué barrer con todo el sanitizante que ofertaban en el súper? Bueno, esto último tiene una posible respuesta, están asustados, ¿pero lo del papel higiénico? ¡Vaya exageración!

Ya en casa, busco noticias acerca del asunto, hablan de más infectados, de miles de muertes, convidan a las personas a permanecer en casa. Italia y España son los países que han sido más afectados, al igual que China, origen de la pandemia. Me detengo en eso: China, origen de la pandemia. Voy por otra cerveza y continúo informándome acerca de lo que ya parece irreversible.

Vaya desmadre el que veo en el súper, filas de personas con carritos repletos de papel higiénico.

Wuhan es la ciudad donde todo empezó, que podría tratarse de un virus que pasó de algún animal a un ser humano, y de éste a otro y a otro, que lo complejo es el hecho de que sea asintomático, lo cual, hace difícil poder determinar en primeros momentos que se está contaminado, además del exponencial contagio de persona a persona. Las hipótesis apuntan al pangolín y al murciélago como los propagadores de la enfermedad ¡¿qué onda con los chinos y sus ondas culinarias?! Supongo pasa lo mismo cuando alguien de fuera oye hablar de que acá comemos iguanas, armadillos o chapulines ¿pero murciélagos?, ¡qué locos! El asunto es que de China pasó a otros países, entre ellos, los mencionados con anterioridad, así como Corea e Irán, y que Estados Unidos liderea el ranking de más afectados en América. Observo que el presidente estadounidense, continuamente, se dirige a la enfermedad como “el virus chino”, su secretario de estado, lo llama “el virus de Wuhan”. Contextualizo: China y Estados Unidos, su guerra comercial. De pronto, el asunto toma indicios conspirativos. Me cuestiono acerca de si el virus es real, ¿y si se trata de un asunto mediático con quién sabe qué fines políticos y económicos? Aunque esto me parece un tanto difícil de creer, una falsa pandemia, ¡qué demencial logística! ¿O será que todo se salió de control, y el virus existe? Lo que me lleva a preguntarme ¿surgió en el entorno? ¿O ha sido desarrollado en algún laboratorio? Recuerdo lo que alguna vez leí: una mentira dicha cien veces, se convierte en verdad. El virus chino. El virus de Wuhan.

A pesar de que las noticias no son nada alentadoras, en lo que a mí respecta, me da alegría saber que aún quedan varias cervezas para toda la noche, así que, tomó una más y, a falta de NBA, subo a la azotea, me tumbo en la hamaca y la brisa primaveral de la noche, hace olvidarme del terrible calor.

 

Manuel Felipe, escritor tabasqueño.