Espacio dedicado a la difusión de la narrativa

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Un cuento fantástico

El peor de los infortunios 

Marcos Rojas Gutiérrez

Cuentista, novelista y narrador irreverente.

Llamaron del hospital para informarme que mi madre acababa de nacer. Debía tratarse de una broma, desde luego, pero fueron muy insistentes.

—Es su madre —dijeron—, apresúrese.

Me fui hacia allá en chinga loca, hecho un saco de nervios.

—Oigan, no se pasen de lanza, soy huérfano —les recriminé cuando llegué al hospital a mentarles su suerte—. ¿Cómo se atreven a burlarse de esta manera?

Cuento tradicional

El pollo aliñado

Historia para leerse en voz alta.

Amira Rosas

El Patiño era un famoso gallo bien entrenado que ganaba sin problemas todas las batallas, gracias a su tenacidad y a las navajas artesanales que su dueño, don Vicente, había hecho especialmente para él, las cuales no se desgastaban sin importar el número de gallos a quienes hería en las constantes peleas. 

Su fama se extendía por las pequeñas galleras destinadas a ésta actividad. Hombres y mujeres apostaban por su victoria, sin ser decepcionados. De varios pueblos aledaños acudían retadores para arrebatarle el título de campeón, jamás lo lograron.

Su sueño era el de vivir como un verdadero gallo, en un gallinero rodeado de un centenar de gallinas.


Metaficción contemporánea

Yo soy Bandini

Fernando Abreu

Lector, a veces narrador, enemigo de poetas, polemista y alborotador. Sus opuestos le apodaron Dandi. 

“Yo quiero proponerle a usted un abrazo,

uno fuerte, duradero, hasta que todo nos duela.

Al final será mejor que me duela el cuerpo por quererle, 

y no que me duela el alma por extrañarle”.

Julio Cortázar

Un cuento posmoderno

CHOROTIZA RAVE 

Luis Gámez 

Foto: Alejandro Breck

Cuentísta, narrador, promotor entusiasta de proyectos alternativos en pro de la lectura.

El último «rave» fue un desmadre desorganizado, netamente desorganizado. Nada más faltaba que llegaran los de Corona Fest con toda la onda institucionalizada y fresa, ¡Qué mierda! Luego, el abasto de mercatambién perreado. Se anunció como piñata y llegó la mala vibra, es para no volverlos a ver. Mejor le hice caso al cara de flan del Neto, de ir a El Alacrán para invadir un terreno y hacer la party en la costa; así que pasé a buscarlo temprano con la intención de encontrar el lugar. Jalamos por la libre rumbo a Coatzacoalcos; llegamos a Sánchez Magallanes a las diez de la mañana y nos arrancamos al mentado poblado puesto a lo largo de la costa, con casas cada cinco o seis kilómetros entre palmas de coco y arena. Paramos a preguntar por el delegado en un negocio de pollos asados y los encargados soltaron muy comunicativos: «Se llama Lucio, vive atrás de esos cocales que están después de la escuela, por esa barda amarilla que se ve a lo lejos».

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