Taller literario

Efraín Gutiérrez

A través de una narración con elementos fantásticos podemos entrar en el mundo intimo de la creación literaria, a través de una simple reunión de taller literario.

Aquella mujer se metió como distraída a la sesión del taller literario y, sin ver a Karime ocupada en desvestir a besos a uno de sus galanes, acentuó su voz de extranjera al preguntar por Luis. El viejo coordinador del grupo permaneció con la boca abierta, devorándola con la mirada, y ella le obsequió un gesto de coquetería al volverse hacia la puerta de salida.

—Si lo mirás a ese boludo, le decís que lo ando buscando.

—¿Cómo te llamas?

—Decile que vino Margaret.

—¿La Dama de Hierro? —bromeó Lucio.

—La dama de los besos —replicó ella, con voz grave y sensual.

El viejo coordinador había señalado hasta el cansancio el deber de los escritores en cuanto a meterse debajo de la piel de sus personajes y vivir en sus mundos, pero tal recomendación nunca tuvo el propósito de llegar al extremo de hacerlos caer en confusiones.

Al salir dejó una fragancia exquisita, excitante, la cual se enrareció con el peculiar olorcillo a tabaco del viejo marinero campechano-genovés que Lucio metió al taller y quien, en ese momento, dejó su asiento con tal de arrimarse a su invitante y al coordinador del grupo; con ambos brazos los rodeó por los hombros y después de aspirar con fruición los restos del perfume, comentó sin dirigirse a nadie:

—¡Esa mujer es un mangazo!

—¿Cómo los mangos que Alejandro nos trajo el otro día? —preguntó Karime, con inocente malicia.