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Agua y luz en Tabasco

Nostalgias y descubrimientos

Rafael Domínguez Gamas

A través de una prosa ágil, enriquecida por disgregaciones secuenciales, nuestro autor nos refiere ellos históricos que hoy parecen ficción: la llegada de la luz eléctrica y el último gran ciclón del siglo XIX.

¿Qué cosas o sucesos puedo recordar desde 1886 en que llegué con mis padres a San Juan Bautista, a los tres años de edad? Todo es bruma en mis recuerdos, todo borroso, todo desdibujado. Con todo esto, apurando el recurso de cerrar los ojos paréceme que una cinta cinematográfica va pasando suave, tenue, lenta, evocadora, mostrándome el pasado, ese empalidecido pasado mío que, muy a mi pesar, se fue ya para siempre.

Las aguas del Grijalva llegaron hasta la calle de Sáenz, hasta la falda misma de la Loma de la Encarnación.

Tenía yo cinco años. Llovía a torrentes. Soplaban rachas huracanadas. En la alta noche, mis padres y yo estábamos despiertos. Y el vecino don Plácido González nos hacía compañía. Había pavor en los rostros. De cuando en cuando, un ruido estrepitoso nos aterrorizaba: de la iglesia catedral, a impulso del furioso huracán, caían las tejas del inclinado techo. Mis padres y don Plácido hablaban de la seguridad y resistencia de las paredes de la casa. Yo los seguía silenciosamente, pero empavorecido como ellos. Aquello fue el ciclón del 1888, el famoso e inolvidable ciclón que produjo en Tabasco la inundación mayor de que se tiene memoria. En aquella ocasión –no sé si lo recuerdo porque lo vi o porque me lo contaron o porque lo dice así la tradición– , las aguas del Grijalva llegaron hasta la calle de Sáenz, hasta la falda misma de la Loma de la Encarnación.

Segunda parte de Tabasco en 1968

El mundo oficialoide temblaba

Isidoro Pedrero Totosaus

Esta es la segunda parte del texto que originalmente apareció como una crónica en el semanario “Malecón” en 1981; hoy lo ponemos a consideración de los lectores como un producto también de la ficción, quizás nuestro autor estaba más en la frontera de la narrativa social y del periodismo comprometido. 

El mundo oficialoide temblaba, los consuegros de Mora Martínez que se habían enriquecido insultantemente, preparaban las maletas apresuradamente: eran las ratas las primeras en abandonar el barco que se estaba hundiendo. Y allá, en Jalpa de Méndez, una humilde familia de lloraba en el interior de su jacal desesperadamente su hijo, Mario Madrigal Tosca, fue asesinado por los porros que subsidiaba Piñera Morales y que habían sembrado el terror en toda la Universidad: jovencitas vejadas, estudiantes salvajemente golpeados, maestros amenazados y las autoridades universitarias en zozobra. El terror imperaba en las aulas, y un movimiento reivindicatorio en la Escuela Normal que se transformó en huelga, había desatado la furia de los chacalitos que alimentaba primero desde la jefatura de policía y después desde la presidencia municipal de Cárdenas el militaroide Piñera Morales, amo y señor de la política en la entidad, compartida únicamente con el Chelo Rojas. El vacío de poder que provocó el versificador clasicista de Mora Martínez estaba haciendo estragos en la entidad.

El terror en toda la Universidad: jovencitas vejadas, estudiantes salvajemente golpeados, maestros amenazados y las autoridades universitarias en zozobra. El terror imperaba en las aulas, y un movimiento reivindicatorio en la Escuela Normal que se transformó en huelga.

Cuando los estudiantes pasearon por las principales calles de Villahermosa con el ataúd de Mario Madrigal Tosca, el imponente silencio de los capitalinos fue más que un estruendoso alarido que hizo explotar el descontento reprimido. Ahí, frente a Plaza de Armas, tomaron la palabra Mario Barrueta García, presidente de la FEUT y Víctor Manuel López Cruz, presidente de la sociedad de alumnos de la Escuela de Derecho. Los verbos candentes hicieron añicos la de por sí figura enclenque del hombre que traicionando a Carlos A. Madrazo, había conservado la gubernatura, y que en lugar de caminar erguido ante su pueblo reptaba asquerosamente, exhibiendo toda la dimensión de su miseria humana. A cada palabra de los oradores el coraje crecía, en cada estigma lanzando al oscuro gobernante el dolor se volvía cólera y luego de finalizar sus peroratas, ya todo estaba escrito: en la noche la asamblea de la FEUT desconociendo los poderes y luego, el mitin permanente en Plaza de Armas: los días transcurrían engrosando las filas amotinadas y las manifestaciones iban in crescendo, llegando a contabilizarse más de 30 mil manifestantes coreando una consigna: “Fuera Mora”.

Manuel Sánchez Mármol el primer cuentista en Tabasco

Va de cuento

 

Escritor, maestro, periodista, abogado y político

Manuel Sánchez Mármol

El escritor de origen cunduacanense, fue el primero, según los registros, en cultivar el género cuentistico en Tabasco en 1861.

La geografía no sabe ya dónde quedaba aquel reino, sólo hace memoria de que su capital era muy bella, acostada a una montaña boscosa, a cuya falda se tendía un delicioso valle.

Sus anales los ha olvidado la historia, y únicamente recuerda lo que voy a referir.

El rey no era señor, sino padre de sus vasallos. Simple en la forma, pero en la ejecución complicado del programa de su gobierno, hace el bien de todos, fincaba sus afanes en promover la prosperidad del reino, como resultado del bienestar de los súbditos. Y el reino prosperaba asombrosamente.

La concordia moraba en él sin perturbaciones, y no era conocida la palabra justicia, porque nadie sufría daño de que quejarse.

Los reinos vecinos miraban con asombro a aquel país afortunado: a poco, el asombro degeneró en envidia, y la envidia se transformó en odio. Y juraron la ruina del reino que los insultaba con su prosperidad.

A falta de injuria, inventaron una mentida invasión de sus pacíficos rayanos, y coaligados, penetraron en son de guerra en el venturoso reino, estragando sus campos.

El rey prudente quiso detener con la razón tamaño desafuero, mas el odio no gusta de ser refrenado. Había irremisiblemente que guerrear.

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