Maldición eterna a quien vote por López Obrador

Teodosio García Ruiz

Este cuento fue escrito algunos meses antes del 2006 y publicado en una antología de circulación estatal. Hoy podemos leer como ficción muchos de los sucesos que sin duda parecen inverosímiles.

Ahora que los almendros se mueven con ritmo sostenido y acompasado por los vientos que a finales de agosto presagian el advenimiento de la temporada de lluvias, reconstruyo el tránsito de Irene; el recorrido que hace hasta la biblioteca donde presta el servicio social, toma el minibús en Ciudad Industrial y mira sin mirar a los pasajeros soñolientos y apestosos que han doblado turno en las fábricas y maquiladoras del área. A las jovencitas de aroma Fraiché cargadas de libros o depresiones rumbo a una escuela de corte y confección o la oficina pública.

Un día Irene logro leer lo que Potoki escribía diariamente en la libretita negra: “Maldición eterna a quien vote por López Obrador”.

Ya es tradicional en ella ponerse de pie cuando pasa por la biblioteca del estado, solicitar la próxima parada, palpar como al descuido el bolso de mano asumir con seguridad la banqueta para después cruzar la avenida por donde lo indican las rallas amarillas. Constata la situación actual de su cabello, su andar firme y bizarro sobre unas zapatillas negras y desgastadas que gracias a la piel de quién sabe qué res, todavía trascienden.