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Etiqueta: mujer

Soledades acompañadas

La Virgen Mimí

Efraín Gutiérrez

Una narración de ambiente decadente, lineal con elementos irónicos que confirman la habilidad de nuestro autor en el género cuentistico.

Mimí, la virgen atrevida, llegó a mi vida como una llovizna perfumada y tierna para luego convertirse en una tormenta de torrenciales ansiedades. Pero antes de que pudiere gozar al máximo de sus perfumes y de su cándida frescura, se me escapó de entre las manos como el agua que no admite ser aprisionada y debe seguir su rumbo, dejándome tan sólo el recuerdo de su cuerpo que serpenteaba entre la firmeza de mis brazos y la blandura de mi corazón.

La recuerdo virgencita de la sonrisa pícara y dulce, parada ante la puerta de mi casa y alzando orgullosa bajo la ropa el recién nacido busto para obsequiarme el espectáculo de sus formas lanzarme de una vez el desafío del amor.

La recuerdo virgencita de la sonrisa pícara y dulce, parada ante la puerta de mi casa y alzando orgullosa bajo la ropa el recién nacido busto para obsequiarme el espectáculo de sus formas lanzarme de una vez el desafío del amor. Y luego, la confirmación del reto mediante la audacia de un beso fugaz entregado de sorpresa y que, cual golondrina rápida, antes de darme cuenta, agitó las alas y emprendió, no el vuelo de la fuga, son el juego risueño y sugestivo que corre pidiendo alcance. El obsequio de un beso leve; más bien, el de un delicado roce que por lo repentino y furtivo tomara giros de poema al untarse con el viento y engalanar sin mucho ruido la soledad de mis jardines.

La primera mujer cuentista en Tabasco

Tres Marías

Primera cuentista en Tabasco

Teutila Correa Zapata

Aquí tenemos a la primera mujer que escribió cuento en Tabasco. Historias lineales de corte realista que reflejan las condiciones sociales de la época. 

Así: eran tres. ¿Cuál era la más bonita? Nadie podría decirlo. En sus mejillas lucía el tenue color de rosa de un amanecer de abril, y en sus ojos el brillo intenso y sereno de un cielo tropical. ¡Dieciocho años! ¿Qué más se necesitaba para ser bella y hermosa? ¡Ojalá y no se necesitara más para ser feliz también!

Salida apenas de la pubertad, la mujer conserva todavía sus gracias infantiles, que las curvas deliciosas de la juventud van esfumando poco a poco, para reinar en lo absoluto y mostrar el triunfo completo de un cuerpo escultural. ¿Y quién no advierte que la belleza femenina impresiona más que cualquiera otra belleza? ¿Qué pueden ser la gracia del pájaro, la hermosura de una flor, la suntuosa armonía del mismo cielo al despuntar la aurora y aparecer el sol, ante la belleza de la joven mujer? Nada, absolutamente nada, porque ella es pájaro, flor y sol al mismo tiempo.

La alegría del pájaro que canta volando de rama en rama, no cautiva tanto como la risa alegre de la mujer hermosa. La flor que se mece en el tallo movido por la brisa, no tiene la gracia que el cimbreante talle de la joven que al pasar nos cautiva sin saberlo. La luz del sol, esplendorosa como es, no se compara con esa luz de los bonitos ojos, en cuyas miradas creemos encontrar el misterio profundo de los cielos.

Pájaro inquieto, perfumada flor, sol esplendente, más que todo eso es la mujer más hermosa; y como el pájaro que a veces llora cantando, la flor que se muere esparciendo su aroma, y el sol que se envuelve en nubes borrascosas, ella también tiene sus quebrantos; la aureola de la juventud no significa aureola de felicidad, y con sus risas va mezclado el llanto.

Eran tres. ¿Cuál era la más bonita? Nadie podría decirlo. Amigas inseparables pasan alegres por las umbrosas calles de la alameda atrayendo la vista y arrancando suspiros de los jóvenes, que con mirada ansiosa siguen sus siluetas garbosas y arrogantes. Entre risas y cuchicheos se cuentan sus secretos, que sin duda alguna son secretos de amor.

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