Espacio dedicado a la difusión de la narrativa

Etiqueta: jovenes

Tabasco en 1968

Movimiento del 68 en Tabasco

Isidoro Pedrero Totosaus

Originalmente esta narración apareció como una crónica en el semanario “Malecón” en 1981; hoy lo ponemos a consideración de los lectores como un producto también de la ficción, quizás nuestro autor estaba más en la frontera de la narrativa social y del periodismo comprometido. Un texto que hoy recuperamos como un cuento y que hemos dividido por su extensión en dos partes, esperamos sea de su agrado.

06:00 horas: El acerado ruido del cerrojo y el clic del candado abriendo la ignominiosa reja. La mirada torva del carcelero y esa sonrisa de sádico satisfecho, inician el día. Cuatro individuos privados de sus derechos salen de la estrecha celda para agolparse en el aún más estrecho pasillo de la crujía “C”, se abren paso en el pasillo central que comunica a las tres crujías restantes, y se disparan al pequeño patio para ocupar los lugares más soleados, de la larga banca de cemento que bordea al único lugar de la prisión donde se puede contemplar el cielo. Casi desnudos los reos tejen hamacas, sombreros de paja, abanicos, bolsas y redes de pescar. Algunos homosexuales (codiciadísimos en ese inframundos donde la represión sexual alcanza situaciones inconcebibles) lavan ropa ajena o cocinan en las tres fonditas los antojitos que complementan la raquítica alimentación del penal.

Del Parque Juárez a la radiodifusora XEVT, sólo distaban 200 metros y mucho coraje. Posesionados de la radio, los estudiantes lanzaron su grito libertario a todo el pueblo de Tabasco. Media hora de transmisión fue suficiente para que se reunieran más de cinco mil personas en el Parque Juárez, y de inmediato, se organiza una manifestación que recorre Zaragoza, dobla por Abasolo, regresa por 27 de Febrero y al llegar a Plaza de Armas, eran más de diez mil conciencias respaldando el movimiento gubernamental. El mitin permanece con los micrófonos que aumentaban la inconformidad estremecían la pusilánime humanidad de Manuel Mora.

07:00 horas: La sirena anuncia la hora de “la jaria”, y los condenados hacen la hambrienta cola para recibir el desabrido atole y un bolillo. Las mandíbulas batiéndose a velocidad tercermundista y el gañote subiendo y bajando apuradamente, embutiendo el paupérrimo alimento. La tez pálida, la piel reseca y la mirada vacía. Dantesca visión que a fuerza de la rutinaria convivencia, se convierte en normalidad. Allá en el cubículo de recepción, puerta de acceso al exterior, las manos de 17 estudiantes se cuelgan de los barrotes y devoran con la mirada al celador que anuncia el tan anhelado nombre, y el primer grito contagia a los demás:

Blofeo de lectura

Ya ni llorar es bueno

Josimar Reyes Mosqueda

Una historia del blofeo de la lectura y la divulgación del libro para nuevos autores.

Miguel tiene dos defectos que en cualquier otra persona tal vez no lo serían: tiene iniciativa y es un coleccionista compulsivo de libros. Ambos detalles los descubrí mucho antes de la tarde en que me arrastró a cometer la desafortunada diligencia. Sin embargo, nunca creí que sus defectos pudieran generar estragos del tamaño que lo hicieron.

Sucedió en un miércoles de abril, uno de esos días que al amanecer son frescos y a medida que las horas van pasando el calor se vuelve insoportable. Yo había tomado dos clases en las que, para mitigar el aburrimiento, leí un par de revistas eróticas escondido detrás de la muralla que era mi mochila. Antes de continuar el día, fui a desayunar un par de tacos. Ahí estaba Mario. Lo saludé recordándole el concierto del sábado en el Distrito Federal, y él, mientras detenía sus eructos con el dorso de la mano, advertía que Miguel compraría, ese mismo miércoles, los boletos del camión. La emoción de imaginarme en la entrada del estadio rodeado de las tribus defeñas bajo un sol pálido, me hizo olvidar la dureza de la carne y la tortilla. Pagué y caminé hacia la biblioteca donde se reuniría el equipo de la siguiente clase.

Miguel tiene dos defectos que en cualquier otra persona tal vez no lo serían: tiene iniciativa y es un coleccionista compulsivo de libros.

Durante el breve trayecto quise recordar el nombre de la película que proyectarían esa tarde como parte de la muestra internacional de cine, pero fracasé.

Funciona con WordPress & Tema de Anders Norén