Garrido espió por la puerta… y se coló por ella

Francisco J. Santamaría

Relato referido por Manuel González Calzada, en el que a su juicio se narra con “ironía, despecho, humorismo y fantasía” una anécdota del pasado político tabasqueño, el cual he tomado como un cuento. Por razones editoriales y de mejor lectura en la web, he alterado la puntuación del texto y el uso de las “i” originales de Santamaría.

Le era necesario colarse en el régimen, para buscar chamba propiamente, y para proteger los intereses de su señor padre don Pío Garrido, que de manera decidida y como enemigo irreconocible de la Revolución, había ayudado con dinero y en todas formas al Huertismo, sobretodo si se trataba de perseguir carranclanes, como en el caso de Virginio Chan, en Tepetitán de Macuspana, a cuya persecución y exterminio puso, con don Pablo Barrenqui y don Manuel de la Cruz Juárez, a contribución todo lo suyo: gente, caballos, dinero, hasta sus perros, al servicio del gobierno…

Vidente fue entonces Múgica.

Su primo, entonces coronel, José Domingo Ramírez Garrido, revolucionario distinguidísimo, ocupaba puesto prominente en el Gobierno de Yucatán, que era a cargo del Gral. Salvador Alvarado. Allá fue Tomás y se le colgó al primo hermano. Pero José Domingo no sé por qué no lo metió en el Gobierno de Yucatán, que mucho se lo hubieran agradecido los tabasqueños, sino que nos escribió a Tabasco al Gral. Francisco J. Múgica, que era el Gobernador; a mí que era Subsecretario de Gobierno y al Prof. Alfonso Caparroso, jefe del Departamento de Educación Pública, recomendándonos a su primo Tomás (Masho, nos decía en carta confidencial), como buen muchacho y elemento joven no maleado, aunque sin antecedentes revolucionarios, para que lo trajéramos a colaborar en el Gobierno del Estado.