La Negra Evarista

Francisco J. Santamaría

Esta narración originalmente fue escrita como parte de una anécdota del maestro, la cual creó puede pasar por cuento, ilustrando un pasaje de los usos y costumbres de la iniciación erótica de principios del siglo XX. Para una mejor compresión lectora, he alterado la puntuación y el uso de las “i” y “j” originales.

Tenía yo pocos días de estar en Nueva York. Llegue a mi destierro el 29 de noviembre de 1927, en el vapor Monterey. Salía de Nueva York para México, en un viaje siguiente.

El episodio de la Negra Evarista era escabroso.

Era costumbre de mexicanos residentes allí, ir a ver la llegada y la salida del barco para saludar paisanos. Yo estaba allí, por eso, con el gran orador campechano Zubaran Capmani en reunión con otros mexicanos que formábamos corrillo de paisanaje a bordo, cuando repentinamente alguien, tapándome los ojos por detrás con ambas manos, me dijo en tono zumbón graciosísimo “ah, Pancho Santamaría, ¿te acuerdas cuando saliste huyendo a tropel de la Negra Evarista?” En el acto identifique a un Meza, sería Gonzalo, Gustavo o Manuel. No acerté cuál de los tres era. Me abrazó en seguida. Era Gonzalo.