La cabeza de Sentmanat

Justo Cecilio Santa Anna

En aras de una lectura fluida, hemos adaptado la historia, permitiéndonos variar la puntuación de la versión donde tomamos el trabajo, suprimimos algunos juicios autorales, para darle mayor énfasis al cuento, que sin proponérselo “per se” estaba escribiendo nuestro autor.

Nadie ha olvidado cómo y en qué circunstancia vino Sentmanat a las playas tabasqueñas enrolado en la expedición que condujeron los caudillos federalistas, el general Juan Pablo Anaya y el inspector de milicias cívicas Fernando Nicolás Maldonado, en el memorable año de 1840.

Sentmanat se mezcló desde esa época hasta su trágica muerte en los asuntos políticos del estado.

Fue así, que a fuerza de audacia, encabezando chusmas indisciplinadas, logró vencer al gobernador y comandante militar José Ignacio Gutiérrez, a pesar de contar éste con tropa veterana bien pertrechada, imponiéndole una capitulación que tiene pocos antecedentes en los anales de nuestras luchas fratricidas.

Perdura también en nuestros recuerdos la serie no interrumpida de intrigas y desavenencias que mantuvieron en agitación constante nuestros abuelos, a raíz de la victoria de los federalistas, y a los sucesos que dio origen la inquietud y la ambición de Sentmanat, que en todo asunto público pretendía preponderar e imponer su voluntad. Causa y motivo fue esto de que sucesivamente fueran abandonando el gobierno los Ruíz de la Peña, Requena y Jiménez, hombres de carácter entero y de honorabilidad acreditada, que no quisieron doblegarse ante el capricho tiránico del aventurero que, fiado de la fuerza de las armas, se había declarado amo y señor de nuestros destinos.