¿A dónde vas Juan Manuel?

José Carlos Becerra

Una narración costumbrista, que a través del deseo por explorar, nos muestra el habitad del tabasqueño de mediados de siglo XX.

-¿A dónde vas Juan Manuel? ¿Pa’onde vas?

El camino era una cinta larga y lodosa salpicada de huellas de cascos de caballos. Juan Manuel tenía la frente empapada, de cabellos ásperos y negrísimos, todo sudoroso, llevaba en sus pequeños ojos de niño la chispa febril de su deseo, la ansiedad de realizar aquel sueño que había galvanizado su mente: “Ir a la ciudad” era la meta que llevaba prendida en sus sentidos.

Mientras los huaraches se le hundían en el lodo semi-seco, a medida que iba caminando, cada vez que se cruzaba con algún jinete conocido escuchaba la misma frase: «¿A dónde vas Juan Manuel? ¿A dónde vas?» Apresuradamente, maquinalmente repetía él: «Pa’allá, voy pa’llá» y con el índice señalaba a cualquier punto del camino, temeroso de ser descubierto.

Llevaba en sus pequeños ojos de niño la chispa febril de su deseo, la ansiedad de realizar aquel sueño que había galvanizado su mente…

—Villahermosa está lejos, había oído decir a los que ya habían ido. Alguna vez pensó en ella, se la imaginaba como la litografía del viejo y polvoriento cromo que empapelaba desde que él era pequeño, una parte de la frágil pared de su casa de guano. Toda llena de iglesias de altas torres, y un enorme y antiguo palacio donde vivían los que mandaban en la ciudad.