La Virgen Mimí

Efraín Gutiérrez

Una narración de ambiente decadente, lineal con elementos irónicos que confirman la habilidad de nuestro autor en el género cuentistico.

Mimí, la virgen atrevida, llegó a mi vida como una llovizna perfumada y tierna para luego convertirse en una tormenta de torrenciales ansiedades. Pero antes de que pudiere gozar al máximo de sus perfumes y de su cándida frescura, se me escapó de entre las manos como el agua que no admite ser aprisionada y debe seguir su rumbo, dejándome tan sólo el recuerdo de su cuerpo que serpenteaba entre la firmeza de mis brazos y la blandura de mi corazón.

La recuerdo virgencita de la sonrisa pícara y dulce, parada ante la puerta de mi casa y alzando orgullosa bajo la ropa el recién nacido busto para obsequiarme el espectáculo de sus formas lanzarme de una vez el desafío del amor.

La recuerdo virgencita de la sonrisa pícara y dulce, parada ante la puerta de mi casa y alzando orgullosa bajo la ropa el recién nacido busto para obsequiarme el espectáculo de sus formas lanzarme de una vez el desafío del amor. Y luego, la confirmación del reto mediante la audacia de un beso fugaz entregado de sorpresa y que, cual golondrina rápida, antes de darme cuenta, agitó las alas y emprendió, no el vuelo de la fuga, son el juego risueño y sugestivo que corre pidiendo alcance. El obsequio de un beso leve; más bien, el de un delicado roce que por lo repentino y furtivo tomara giros de poema al untarse con el viento y engalanar sin mucho ruido la soledad de mis jardines.