Cata

Gerardo Rivera

Narrador, poeta, maestro, profuso investigador de la literatura tabasqueña, fabulista oral y gran conversador.

Contigo no hago el amor aunque me pagues, me decía cata cada vez que se cambiaba de ropa y hasta de sus prendas íntimas frente a mí. La acepté en casa porque había sido mi alumna en otro tiempo, pero en los últimos días le había ido mal. Cata dormía conmigo cuando no salía con otros hombres, pero no permitía que le hiciera el amor ni que la acariciara. A veces, cuando estaba dormida, estiraba la mano para tocarla, porque dormía desnuda. Pero hasta en sueños adivinaba mis movimientos incluso cuando estaba a punto de tocarle el vello púbico.

Cuando regresaba tomada, pensaba que ahí me podría aprovechar para poseerla y tocarla a mi antojo, mas ella se dormía con sus jeans puestos, que le ayudaban a resaltar mejor su figura, provocando que la deseara más. A veces pensaba que Cata se veía mejor vestida, pero cuando salía del baño, desnuda, era como si el Diablo me tentara y hasta sentía cólera por no poderla convencer. Llegaba al cinismo de echarse talco y cremas en el cuerpo frente a mis ojos escrutadores, hasta pasarse el rastrillo por los bordes del pubis, cercano a la vagina, cuando estaba citada para ir al mar y se iba a colocar un bikini.