Mi amado amadísimo

Soledad Arellano

Escritora, correctora, maestra universitaria y una de las voces narrativas más audaz en la tradición cuentística de Tabasco.

Hoy es el día de mi boda y él no está. Sé que es inútil esperarlo; no va a llegar. Sólo puedo recibir las felicitaciones y simular que estoy contenta. Por fin la solterona de la familia se casa.

Nadie podía entender que yo fuera feliz sin pareja, pero era cierto: el trabajo, los amigos y, sobre todo, la compañía de él llenaban mi vida. Siempre nos llevamos muy bien, y si hubiera un culpable de lo sucedido tendría que ser yo, porque él siempre confió en mí. Al principio, quizás porque era la única que no lo trataba como a un niño, ni me reía de sus conflictos adolescentes o porque él sentía mi enorme cariño. No sé, pero se acostumbró a estar conmigo, a contarme sus cosas y pedirme opiniones.

A mí me halagaba cuando prefería mi compañía a la de las jovencitas de su edad o cuando comentaba que ninguno de mis –cada vez más escasos– pretendientes me merecía.

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