Érase una vez un cuento en línea

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Mes: octubre 2017 (Página 2 de 2)

Segunda parte de Tabasco en 1968

El mundo oficialoide temblaba

Isidoro Pedrero Totosaus

Esta es la segunda parte del texto que originalmente apareció como una crónica en el semanario “Malecón” en 1981; hoy lo ponemos a consideración de los lectores como un producto también de la ficción, quizás nuestro autor estaba más en la frontera de la narrativa social y del periodismo comprometido. 

El mundo oficialoide temblaba, los consuegros de Mora Martínez que se habían enriquecido insultantemente, preparaban las maletas apresuradamente: eran las ratas las primeras en abandonar el barco que se estaba hundiendo. Y allá, en Jalpa de Méndez, una humilde familia de lloraba en el interior de su jacal desesperadamente su hijo, Mario Madrigal Tosca, fue asesinado por los porros que subsidiaba Piñera Morales y que habían sembrado el terror en toda la Universidad: jovencitas vejadas, estudiantes salvajemente golpeados, maestros amenazados y las autoridades universitarias en zozobra. El terror imperaba en las aulas, y un movimiento reivindicatorio en la Escuela Normal que se transformó en huelga, había desatado la furia de los chacalitos que alimentaba primero desde la jefatura de policía y después desde la presidencia municipal de Cárdenas el militaroide Piñera Morales, amo y señor de la política en la entidad, compartida únicamente con el Chelo Rojas. El vacío de poder que provocó el versificador clasicista de Mora Martínez estaba haciendo estragos en la entidad.

El terror en toda la Universidad: jovencitas vejadas, estudiantes salvajemente golpeados, maestros amenazados y las autoridades universitarias en zozobra. El terror imperaba en las aulas, y un movimiento reivindicatorio en la Escuela Normal que se transformó en huelga.

Cuando los estudiantes pasearon por las principales calles de Villahermosa con el ataúd de Mario Madrigal Tosca, el imponente silencio de los capitalinos fue más que un estruendoso alarido que hizo explotar el descontento reprimido. Ahí, frente a Plaza de Armas, tomaron la palabra Mario Barrueta García, presidente de la FEUT y Víctor Manuel López Cruz, presidente de la sociedad de alumnos de la Escuela de Derecho. Los verbos candentes hicieron añicos la de por sí figura enclenque del hombre que traicionando a Carlos A. Madrazo, había conservado la gubernatura, y que en lugar de caminar erguido ante su pueblo reptaba asquerosamente, exhibiendo toda la dimensión de su miseria humana. A cada palabra de los oradores el coraje crecía, en cada estigma lanzando al oscuro gobernante el dolor se volvía cólera y luego de finalizar sus peroratas, ya todo estaba escrito: en la noche la asamblea de la FEUT desconociendo los poderes y luego, el mitin permanente en Plaza de Armas: los días transcurrían engrosando las filas amotinadas y las manifestaciones iban in crescendo, llegando a contabilizarse más de 30 mil manifestantes coreando una consigna: “Fuera Mora”.

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Tabasco en 1968

Movimiento del 68 en Tabasco

Isidoro Pedrero Totosaus

Originalmente esta narración apareció como una crónica en el semanario “Malecón” en 1981; hoy lo ponemos a consideración de los lectores como un producto también de la ficción, quizás nuestro autor estaba más en la frontera de la narrativa social y del periodismo comprometido. Un texto que hoy recuperamos como un cuento y que hemos dividido por su extensión en dos partes, esperamos sea de su agrado.

06:00 horas: El acerado ruido del cerrojo y el clic del candado abriendo la ignominiosa reja. La mirada torva del carcelero y esa sonrisa de sádico satisfecho, inician el día. Cuatro individuos privados de sus derechos salen de la estrecha celda para agolparse en el aún más estrecho pasillo de la crujía “C”, se abren paso en el pasillo central que comunica a las tres crujías restantes, y se disparan al pequeño patio para ocupar los lugares más soleados, de la larga banca de cemento que bordea al único lugar de la prisión donde se puede contemplar el cielo. Casi desnudos los reos tejen hamacas, sombreros de paja, abanicos, bolsas y redes de pescar. Algunos homosexuales (codiciadísimos en ese inframundos donde la represión sexual alcanza situaciones inconcebibles) lavan ropa ajena o cocinan en las tres fonditas los antojitos que complementan la raquítica alimentación del penal.

Del Parque Juárez a la radiodifusora XEVT, sólo distaban 200 metros y mucho coraje. Posesionados de la radio, los estudiantes lanzaron su grito libertario a todo el pueblo de Tabasco. Media hora de transmisión fue suficiente para que se reunieran más de cinco mil personas en el Parque Juárez, y de inmediato, se organiza una manifestación que recorre Zaragoza, dobla por Abasolo, regresa por 27 de Febrero y al llegar a Plaza de Armas, eran más de diez mil conciencias respaldando el movimiento gubernamental. El mitin permanece con los micrófonos que aumentaban la inconformidad estremecían la pusilánime humanidad de Manuel Mora.

07:00 horas: La sirena anuncia la hora de “la jaria”, y los condenados hacen la hambrienta cola para recibir el desabrido atole y un bolillo. Las mandíbulas batiéndose a velocidad tercermundista y el gañote subiendo y bajando apuradamente, embutiendo el paupérrimo alimento. La tez pálida, la piel reseca y la mirada vacía. Dantesca visión que a fuerza de la rutinaria convivencia, se convierte en normalidad. Allá en el cubículo de recepción, puerta de acceso al exterior, las manos de 17 estudiantes se cuelgan de los barrotes y devoran con la mirada al celador que anuncia el tan anhelado nombre, y el primer grito contagia a los demás:

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