Érase una vez un cuento en línea

Espacio dedicado a la difusión del género cuento

Mes: agosto 2017

Blofeo de lectura

Ya ni llorar es bueno

Josimar Reyes Mosqueda

Una historia del blofeo de la lectura y la divulgación del libro para nuevos autores.

Miguel tiene dos defectos que en cualquier otra persona tal vez no lo serían: tiene iniciativa y es un coleccionista compulsivo de libros. Ambos detalles los descubrí mucho antes de la tarde en que me arrastró a cometer la desafortunada diligencia. Sin embargo, nunca creí que sus defectos pudieran generar estragos del tamaño que lo hicieron.

Sucedió en un miércoles de abril, uno de esos días que al amanecer son frescos y a medida que las horas van pasando el calor se vuelve insoportable. Yo había tomado dos clases en las que, para mitigar el aburrimiento, leí un par de revistas eróticas escondido detrás de la muralla que era mi mochila. Antes de continuar el día, fui a desayunar un par de tacos. Ahí estaba Mario. Lo saludé recordándole el concierto del sábado en el Distrito Federal, y él, mientras detenía sus eructos con el dorso de la mano, advertía que Miguel compraría, ese mismo miércoles, los boletos del camión. La emoción de imaginarme en la entrada del estadio rodeado de las tribus defeñas bajo un sol pálido, me hizo olvidar la dureza de la carne y la tortilla. Pagué y caminé hacia la biblioteca donde se reuniría el equipo de la siguiente clase.

Miguel tiene dos defectos que en cualquier otra persona tal vez no lo serían: tiene iniciativa y es un coleccionista compulsivo de libros.

Durante el breve trayecto quise recordar el nombre de la película que proyectarían esa tarde como parte de la muestra internacional de cine, pero fracasé.

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Cuento joven

Los orinantes

Josimar Reyes Mosqueda

Cuento líneal de iniciación, que muestra cómo las características cambian de generación en generación, pero los aspectos centrales se perpetúan.

En la llanta, en la defensa, en la puerta, en el poste de luz como los perros…, partiendo de los riñones viaja por los uréteres hasta la vejiga donde espera la micción para ser expulsada a través de la uretra. En la acera, cerca de las cañerías, en una botella, en un muro, en un pilar…, necesidad fisiológica enumerada en la cotidianeidad social el número 1. Su función: eliminar sustancias y toxinas que al cuerpo no le hace falta. En el pasto, en la tierra, en los arbustos, en un árbol, sobre las flores del patio de alguna tía solterona…, fertilizante para cultivos y plantas por sus nutrientes naturales, mucho más efectivos que los inorgánicos. En un retrete, en la bacinica, en una sonda…, Alivia padecimientos si la bebes con ciertas especificaciones. En una fuente, en una alberca, en el mar, río, lago o laguna…, transparente cuando los riñones están limpios, amarillenta en diversas escalas según tu alimentación, y con sangre por litiasis. En la ropa, en la cama, por la ventana del auto, en un monumento… largo llanto líquido que se dispara con presión como el agua de las mangueras con un tartamudeo pueril. En el palacio de Buckingham, en Los Pinos, en la mansión de Oprah o en tu modesto pero acogedor hogar…, de pie por los hombres, sentadas las mujeres, los travestís como gusten.

No importaba el lugar de reunión, en todas era igual, tirar, disparar, morir y reaparecer.

Hace más de una década, durante las vacaciones de verano nos obligaron a dejar los videojuegos. Pasábamos tardes enteras jugando a dispararnos en las plataformas virtuales, mientras afuera el mundo corría sin detener su paso ante miradas embrutecidas. No importaba el lugar de reunión, en todas era igual, tirar, disparar, morir y reaparecer. El calor, de más de treinta y tres grados, anidaba en nuestras frentes produciendo gotas que tragábamos y escupíamos. Las manos, grasientas por las palomitas de maíz, estrujaban los controles, que vibraban. El poco espacio, el enclaustramiento, la incomodidad perdían toda importancia ante la obsesión por el juego.

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