Érase una vez un cuento en línea

Espacio dedicado a la difusión del género cuento

Mes: junio 2017 (Página 2 de 2)

Exorcismos literarios

Taller literario

Efraín Gutiérrez

A través de una narración con elementos fantásticos podemos entrar en el mundo intimo de la creación literaria, a través de una simple reunión de taller literario.

Aquella mujer se metió como distraída a la sesión del taller literario y, sin ver a Karime ocupada en desvestir a besos a uno de sus galanes, acentuó su voz de extranjera al preguntar por Luis. El viejo coordinador del grupo permaneció con la boca abierta, devorándola con la mirada, y ella le obsequió un gesto de coquetería al volverse hacia la puerta de salida.

—Si lo mirás a ese boludo, le decís que lo ando buscando.

—¿Cómo te llamas?

—Decile que vino Margaret.

—¿La Dama de Hierro? —bromeó Lucio.

—La dama de los besos —replicó ella, con voz grave y sensual.

El viejo coordinador había señalado hasta el cansancio el deber de los escritores en cuanto a meterse debajo de la piel de sus personajes y vivir en sus mundos, pero tal recomendación nunca tuvo el propósito de llegar al extremo de hacerlos caer en confusiones.

Al salir dejó una fragancia exquisita, excitante, la cual se enrareció con el peculiar olorcillo a tabaco del viejo marinero campechano-genovés que Lucio metió al taller y quien, en ese momento, dejó su asiento con tal de arrimarse a su invitante y al coordinador del grupo; con ambos brazos los rodeó por los hombros y después de aspirar con fruición los restos del perfume, comentó sin dirigirse a nadie:

—¡Esa mujer es un mangazo!

—¿Cómo los mangos que Alejandro nos trajo el otro día? —preguntó Karime, con inocente malicia.

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Soledades acompañadas

La Virgen Mimí

Efraín Gutiérrez

Una narración de ambiente decadente, lineal con elementos irónicos que confirman la habilidad de nuestro autor en el género cuentistico.

Mimí, la virgen atrevida, llegó a mi vida como una llovizna perfumada y tierna para luego convertirse en una tormenta de torrenciales ansiedades. Pero antes de que pudiere gozar al máximo de sus perfumes y de su cándida frescura, se me escapó de entre las manos como el agua que no admite ser aprisionada y debe seguir su rumbo, dejándome tan sólo el recuerdo de su cuerpo que serpenteaba entre la firmeza de mis brazos y la blandura de mi corazón.

La recuerdo virgencita de la sonrisa pícara y dulce, parada ante la puerta de mi casa y alzando orgullosa bajo la ropa el recién nacido busto para obsequiarme el espectáculo de sus formas lanzarme de una vez el desafío del amor.

La recuerdo virgencita de la sonrisa pícara y dulce, parada ante la puerta de mi casa y alzando orgullosa bajo la ropa el recién nacido busto para obsequiarme el espectáculo de sus formas lanzarme de una vez el desafío del amor. Y luego, la confirmación del reto mediante la audacia de un beso fugaz entregado de sorpresa y que, cual golondrina rápida, antes de darme cuenta, agitó las alas y emprendió, no el vuelo de la fuga, son el juego risueño y sugestivo que corre pidiendo alcance. El obsequio de un beso leve; más bien, el de un delicado roce que por lo repentino y furtivo tomara giros de poema al untarse con el viento y engalanar sin mucho ruido la soledad de mis jardines.

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