Érase una vez un cuento en línea

Espacio dedicado a la difusión del género cuento

Mes: marzo 2017 (Página 2 de 2)

Un cuento histórico

  La cabeza de Sentmanat

Justo Cecilio Santa Anna

En aras de una lectura fluida, hemos adaptado la historia, permitiéndonos variar la puntuación de la versión donde tomamos el trabajo, suprimimos algunos juicios autorales, para darle mayor énfasis al cuento, que sin proponérselo “per se” estaba escribiendo nuestro autor.

Nadie ha olvidado cómo y en qué circunstancia vino Sentmanat a las playas tabasqueñas enrolado en la expedición que condujeron los caudillos federalistas, el general Juan Pablo Anaya y el inspector de milicias cívicas Fernando Nicolás Maldonado, en el memorable año de 1840.

Sentmanat se mezcló desde esa época hasta su trágica muerte en los asuntos políticos del estado.

Fue así, que a fuerza de audacia, encabezando chusmas indisciplinadas, logró vencer al gobernador y comandante militar José Ignacio Gutiérrez, a pesar de contar éste con tropa veterana bien pertrechada, imponiéndole una capitulación que tiene pocos antecedentes en los anales de nuestras luchas fratricidas.

Perdura también en nuestros recuerdos la serie no interrumpida de intrigas y desavenencias que mantuvieron en agitación constante nuestros abuelos, a raíz de la victoria de los federalistas, y a los sucesos que dio origen la inquietud y la ambición de Sentmanat, que en todo asunto público pretendía preponderar e imponer su voluntad. Causa y motivo fue esto de que sucesivamente fueran abandonando el gobierno los Ruíz de la Peña, Requena y Jiménez, hombres de carácter entero y de honorabilidad acreditada, que no quisieron doblegarse ante el capricho tiránico del aventurero que, fiado de la fuerza de las armas, se había declarado amo y señor de nuestros destinos.

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Un cuento realista

El reloj

Teutila Correa Zapata

La primera cuentistas tabasqueña nos atrapa con una narración de corte realista, donde el continuo fluir del tiempo es el tema central de esta narración.  

Vivimos tanto tiempo uno frente al otro, que cualquiera diría que somos buenos amigos.

¿Podrá ser cierto? Yo…, ni lo niego, ni lo afirmo porque a veces he creído que te quiero con todo mi corazón y a veces he pensado que te aborrezco con toda mi alma.

Puede ser que te tenga algún cariño; se ama hasta las piedras que vemos continuamente; además, nosotros los humanos imitamos algunas veces la nobleza del perro, que olvidando las ofensas, sólo tiene en cuenta los mendrugos recibidos.

Puede ser que te odie como se odia a los tiranos, porque tú, con esas manecillas implacables que vas pasando continuamente sobre tu faz impasible, no eres más que un tirano. ¡El tirano de los tiempos!

Y esto lo digo porque en alguna ocasión, he querido besarte, sí, darte un beso cariñoso en esa tu circular frialdad, de la que ni siquiera hacer alarde o que mis miradas tuvieran el poder del rayo para fulminarte, para hacerte trizas.

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La primera mujer cuentista en Tabasco

Tres Marías

Primera cuentista en Tabasco

Teutila Correa Zapata

Aquí tenemos a la primera mujer que escribió cuento en Tabasco. Historias lineales de corte realista que reflejan las condiciones sociales de la época. 

Así: eran tres. ¿Cuál era la más bonita? Nadie podría decirlo. En sus mejillas lucía el tenue color de rosa de un amanecer de abril, y en sus ojos el brillo intenso y sereno de un cielo tropical. ¡Dieciocho años! ¿Qué más se necesitaba para ser bella y hermosa? ¡Ojalá y no se necesitara más para ser feliz también!

Salida apenas de la pubertad, la mujer conserva todavía sus gracias infantiles, que las curvas deliciosas de la juventud van esfumando poco a poco, para reinar en lo absoluto y mostrar el triunfo completo de un cuerpo escultural. ¿Y quién no advierte que la belleza femenina impresiona más que cualquiera otra belleza? ¿Qué pueden ser la gracia del pájaro, la hermosura de una flor, la suntuosa armonía del mismo cielo al despuntar la aurora y aparecer el sol, ante la belleza de la joven mujer? Nada, absolutamente nada, porque ella es pájaro, flor y sol al mismo tiempo.

La alegría del pájaro que canta volando de rama en rama, no cautiva tanto como la risa alegre de la mujer hermosa. La flor que se mece en el tallo movido por la brisa, no tiene la gracia que el cimbreante talle de la joven que al pasar nos cautiva sin saberlo. La luz del sol, esplendorosa como es, no se compara con esa luz de los bonitos ojos, en cuyas miradas creemos encontrar el misterio profundo de los cielos.

Pájaro inquieto, perfumada flor, sol esplendente, más que todo eso es la mujer más hermosa; y como el pájaro que a veces llora cantando, la flor que se muere esparciendo su aroma, y el sol que se envuelve en nubes borrascosas, ella también tiene sus quebrantos; la aureola de la juventud no significa aureola de felicidad, y con sus risas va mezclado el llanto.

Eran tres. ¿Cuál era la más bonita? Nadie podría decirlo. Amigas inseparables pasan alegres por las umbrosas calles de la alameda atrayendo la vista y arrancando suspiros de los jóvenes, que con mirada ansiosa siguen sus siluetas garbosas y arrogantes. Entre risas y cuchicheos se cuentan sus secretos, que sin duda alguna son secretos de amor.

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