Érase una vez un cuento en línea

Espacio dedicado a la difusión del género cuento

Mes: marzo 2017 (Página 1 de 2)

Cuento nietista

Ella te mira desde su escondite…

Fernando Nieto Cadena

Este texto es un fragmento de la novela inédita “Bulevar Manigua”, del escritor Fernando Nieto Cadena, nacido fuera de Tabasco pero que sin buscarlo, incluso quizás sin desearlo per se, es parte de la tradición literaria en Tabasco, tanto por su quehacer poético como narrativo. Por razones editoriales y de mejor lectura en la web, he alterado los puntos y seguidos del texto original, que en su versión impresa es de un solo párrafo.

I

Ella te mira desde su escondite tras las persianas, cuando su cuñado con los tragos de rigor se debate con la guitarra para serenatear por el día de las madres a su suegra de entonces. Oye las interminables discusiones sobre arte, cultura, la realidad nacional con las que los pomos pasan de mano en mano ya hartos de vasos y buenos modales. Ella desde el bunker de sus doce años permanece en espera de tus palabras porque, te lo dijo siete años después, iba perfilando lo que sería al crecer. Han pasado otros siete años y sigues recordando lo que te dijo hoy que la tienes a tu lado, en ese rincón de tu cama que también lo es de tu alma para no encontrarte solo y te parece mentira que no lo estés y te levantas y vas al baño para la primera ablución, recapacitas en la palabra que aunque no venga bien al caso y aunque sí, la usas cada mañana para resumir tu primera visita al Niagara Falls Water Closed y te reconvienes, como siempre, tanto ruido barroco para cagar aguado, light.

Hoy que la tienes a tu lado, en ese rincón de tu cama que también lo es de tu alma

Ella te mira desde sus quince años cuando te despides porque te cambian de taller. Son los últimos brindis en la capital mundial del calzado y la divina salsa para empujarte los pasitos rechéveres de tu afrocaribeñidad nunca desmentida. Ella te dice que si bailas con ella este danzón, pero me enseñas, y qué remedio le dices. Pero nos vamos de cachetito para no perderme le aclaras. Ese danzón fue un bolerazo que hizo historia porque te dejó el recuerdo de sus florecientes senos que entre ingenuos y osados se te restregaban y tú sin saber qué nota pana, qué onda con esta chavita que se te da y no pero quién sabe si sólo es su estilo de bailar un danzón abolerado para que su mami no sé dé cuenta que lleva tiempo con la danza contemporánea y sus pininos teatrales.

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Cuento erótico

Aprendiz de voyeur 

Alicia Delaval

Este relato erótico voyeurista, de la novela “Las vírgenes terrestres”, es un antecedente de la literatura erótica escrita por mujeres en la tradición  literaria tabasqueña.

Susana y Felipe descendieron del carro pero, como siempre, la posdata les resultó más larga que la carta. Esa noche se habían acariciado como nunca; pero aun así no se sentían satisfechos tal vez porque las caricias son, en el amor, como el vino dulce y fuerte que en lugar de saciar la sed, la fustiga.

La joven hizo amago de abrir la puerta y entrar; pero Felipe, excitado, la atrajo hacia, la encerró en sus brazos y buscó la boca que se le entregó, como siempre, apasionada.

Las caricias son, en el amor, como el vino dulce y fuerte que en lugar de saciar la sed, la fustiga.

“Es una de las cosas que más amo en ella –se dijo el muchacho-, sabe besar; pone en sus besos tal fuego que uno se siente arder en una maravillosa e increíble hoguera”.

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Una ciudad paralela a Villahermosa

Bellaisla

Alicia Delaval

Este relato, aparecido en su edición original como parte del primer capítulo de la novela “Las vírgenes terrestres”, logra una consistencia por sí solo que nos aproxima a la fuerza narrativa de una de las mejores prosistas tabasqueñas del siglo XX.

Bellaisla, brillando bajo el despiadado sol de junio, semejaba una de esas ciudades de juguete que construyeron los niños con los diversos objetos que encuentran a su alcance. El abigarrado conjunto de colores que lucían sus casas y edificios, y el trazo inverosímil de sus calles que subían, bajaban, se ensanchaban y estrechaban, dando vueltas y revueltas y desafiando, de esa manera, todas las reglas urbanísticas, ofrecían a los desacostumbrados ojos de los visitantes, una visión no sólo completamente ilógica sino extraña y obsesionante.

La topografía del terreno en la que estaba ubicada, no justificaba de ninguna manera su absurdo trazo, ya que la ciudad se encontraba situada sobre una amplia planicie.

Tal vez la explicación de esta falta completa de urbanismo era la de que, como nunca había existido un plano regulador, cada quien había edificado su casa o edificio robándole al municipio parte del terreno destinado a las banquetas, a costa del predio vecino, o bien, haciendo esquina en el lugar menos a propósito, o cerrando una calle arbitrariamente.

Sin embargo, a sus habitantes aquello les parecía lo más natural del mundo y conocían cada recodo, cada rincón, cada escondrijo de su ciudad mejor que las líneas de su propia mano.

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Cuento gótico en Tabasco

El torno del Diablo

Justo Cecilio Santa Anna

Ésta breve narración, es el antecedente del cuento gótico en Tabasco. Para una lectura más fluida hemos alterado la puntuación, respetando los arcaísmo.

No todo era vida y dulzura en los viejos tiempos, que si aliquando los moradores del cielo bajaban a la tierra y se metían en nuestras casas como Pedro por la suya, también los espíritus infernales solían dejar sus caldeados antros y pasar veranos y, hasta inviernos, entre los pacíficos moradores de las riberas del Grijalva, que por desgracia, éstas no sólo han producido nardos y flores, como dijo el poeta, sino hasta ciertas alimañas ponzoñosas y trasgos y dragones, más o menos informales.

Hay un paraje del famoso río que se acaba de mentar, conocido desde el siglo XVII, o acaso desde antes, con el nombre de Torno del Diablo, y a propósito del origen de este nombre, refiere la tradición lo que el que siguiera leyendo verá más adelante, con no poco entretenimiento.

Era fama que en el sitio o meandro del río, el Torno del Diablo se aparecía el mismísimo demonio durante las noches oscuras, haciendo visajes, chisporroteando como un torito de fuego de esos que hacen la delicia de los chicos en nuestras fiestas populares, echando lumbre por ojos y boca. Lo raro de todo aquello era que, cuando se armaban los vecinos de Villahermosa he iban, temblando como azogados, a espiar a aquel Demonio durante sus alardes pirotécnicos, el tal no aparecía por ningún lado, se evaporaba, se deshacía, como si se lo tragará la tierra o el mismísimo infierno, que es lo más probable.

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