Érase una vez un cuento en línea

Espacio dedicado a la difusión de la narrativa

Mes: febrero 2017

Un cuento sobre Mozart

El réquiem de Mozart

Manuel Sánchez Mármol

Cuento escrito en 1906, a principios del siglo XX cronológico. Una pieza musical puede anticipar la catástrofe. En esta obra podemos dar fe, del carácter melómano del primer gran intelectual tabasqueño.

A Rafael Silva

I

Culminaba en el apogeo de gloria el Cisne de Salzburgo, Mozart el divino. Todas las altezas de la tierra inclinábanse ante él, y las soberanas mismas, lejos de ampararse en las prerrogativas del sexo, prodigábanle el aplauso, y aun le otorgaban el privilegio de sus caricias: hubo una que no, la que, en gracia de su bastardía, falsificaba la majestad con la hinchazón de la soberbia: mas a la afectada severidad de la cortesana había respondido el ilustre mozuelo con desdén inconsciente. En cambio, su precoz sensibilidad atreviolo, en homenaje de gratitud, a la infantil aspiración de ser el desposado de augusta princesa, como él predestinada a la inmortalidad: no a la deslumbrante y jubilosa, sino a la tristísima del martirio…

Mozart es el prodigio: ¿qué mucho, pues, que rompa sagradas prohibiciones? ¿qué mucho, pues, que la Madre Iglesia lo tolere y que eluda sus anatemas? Y él elúdelos cuando substrae de la Capilla Sixtina sin desintegrarlo, estereotipado en su pasmosa retentiva, el grandioso Miserere de Allegri, vedado a los profanos.

La alabanza vocinglera y tumultuosa síguele por donde va, envuelto en los destellos de su genio; no digamos de triunfo en triunfo, que no es triunfo para el sol marchar incendiando los espacios.

Ya no cabe en las estrecheces de su cara ciudad natal, y se ve obligado por las exigencias que el arte le impone, a ir a tomar asiento en la capital del imperio.

 

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Manuel Sánchez Mármol el primer cuentista en Tabasco

Va de cuento

 

Escritor, maestro, periodista, abogado y político

Manuel Sánchez Mármol

El escritor de origen cunduacanense, fue el primero, según los registros, en cultivar el género cuentistico en Tabasco en 1861.

La geografía no sabe ya dónde quedaba aquel reino, sólo hace memoria de que su capital era muy bella, acostada a una montaña boscosa, a cuya falda se tendía un delicioso valle.

Sus anales los ha olvidado la historia, y únicamente recuerda lo que voy a referir.

El rey no era señor, sino padre de sus vasallos. Simple en la forma, pero en la ejecución complicado del programa de su gobierno, hace el bien de todos, fincaba sus afanes en promover la prosperidad del reino, como resultado del bienestar de los súbditos. Y el reino prosperaba asombrosamente.

La concordia moraba en él sin perturbaciones, y no era conocida la palabra justicia, porque nadie sufría daño de que quejarse.

Los reinos vecinos miraban con asombro a aquel país afortunado: a poco, el asombro degeneró en envidia, y la envidia se transformó en odio. Y juraron la ruina del reino que los insultaba con su prosperidad.

A falta de injuria, inventaron una mentida invasión de sus pacíficos rayanos, y coaligados, penetraron en son de guerra en el venturoso reino, estragando sus campos.

El rey prudente quiso detener con la razón tamaño desafuero, mas el odio no gusta de ser refrenado. Había irremisiblemente que guerrear.

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