Érase una vez un cuento en línea

Espacio dedicado a la difusión de la narrativa

Cuento tradicional

El pollo aliñado

Historia para leerse en voz alta.

Amira Rosas

El Patiño era un famoso gallo bien entrenado que ganaba sin problemas todas las batallas, gracias a su tenacidad y a las navajas artesanales que su dueño, don Vicente, había hecho especialmente para él, las cuales no se desgastaban sin importar el número de gallos a quienes hería en las constantes peleas. 

Su fama se extendía por las pequeñas galleras destinadas a ésta actividad. Hombres y mujeres apostaban por su victoria, sin ser decepcionados. De varios pueblos aledaños acudían retadores para arrebatarle el título de campeón, jamás lo lograron.

Su sueño era el de vivir como un verdadero gallo, en un gallinero rodeado de un centenar de gallinas.


Metaficción contemporánea

Yo soy Bandini

Fernando Abreu

Lector, a veces narrador, enemigo de poetas, polemista y alborotador. Sus opuestos le apodaron Dandi. 

“Yo quiero proponerle a usted un abrazo,

uno fuerte, duradero, hasta que todo nos duela.

Al final será mejor que me duela el cuerpo por quererle, 

y no que me duela el alma por extrañarle”.

Julio Cortázar

Un cuento posmoderno

CHOROTIZA RAVE 

Luis Gámez 

Foto: Alejandro Breck

Cuentísta, narrador, promotor entusiasta de proyectos alternativos en pro de la lectura.

El último «rave» fue un desmadre desorganizado, netamente desorganizado. Nada más faltaba que llegaran los de Corona Fest con toda la onda institucionalizada y fresa, ¡Qué mierda! Luego, el abasto de mercatambién perreado. Se anunció como piñata y llegó la mala vibra, es para no volverlos a ver. Mejor le hice caso al cara de flan del Neto, de ir a El Alacrán para invadir un terreno y hacer la party en la costa; así que pasé a buscarlo temprano con la intención de encontrar el lugar. Jalamos por la libre rumbo a Coatzacoalcos; llegamos a Sánchez Magallanes a las diez de la mañana y nos arrancamos al mentado poblado puesto a lo largo de la costa, con casas cada cinco o seis kilómetros entre palmas de coco y arena. Paramos a preguntar por el delegado en un negocio de pollos asados y los encargados soltaron muy comunicativos: «Se llama Lucio, vive atrás de esos cocales que están después de la escuela, por esa barda amarilla que se ve a lo lejos».

Cuento de nostalgia cotidiana

Cata

Gerardo Rivera

Narrador, poeta, maestro, profuso investigador de la literatura tabasqueña, fabulista oral y gran conversador.

Contigo no hago el amor aunque me pagues, me decía cata cada vez que se cambiaba de ropa y hasta de sus prendas íntimas frente a mí. La acepté en casa porque había sido mi alumna en otro tiempo, pero en los últimos días le había ido mal. Cata dormía conmigo cuando no salía con otros hombres, pero no permitía que le hiciera el amor ni que la acariciara. A veces, cuando estaba dormida, estiraba la mano para tocarla, porque dormía desnuda. Pero hasta en sueños adivinaba mis movimientos incluso cuando estaba a punto de tocarle el vello púbico.

Cuando regresaba tomada, pensaba que ahí me podría aprovechar para poseerla y tocarla a mi antojo, mas ella se dormía con sus jeans puestos, que le ayudaban a resaltar mejor su figura, provocando que la deseara más. A veces pensaba que Cata se veía mejor vestida, pero cuando salía del baño, desnuda, era como si el Diablo me tentara y hasta sentía cólera por no poderla convencer. Llegaba al cinismo de echarse talco y cremas en el cuerpo frente a mis ojos escrutadores, hasta pasarse el rastrillo por los bordes del pubis, cercano a la vagina, cuando estaba citada para ir al mar y se iba a colocar un bikini.

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